El Bautismo

EL BAUTISMO

TU LE PERTENECES A DIOS:

1. Porque es tu Señor soberano, tu Creador, el que te conserva y te gobierna.

2. Porque te ha rescatado con el precio infinito de su sangre.

3. Porque es tu Cabeza y tú uno de sus miembros a él incorporados por el bautismo.

4. Porque él se ha entregado a ti tantas veces en la santa eucaristía, para ser tu alimento y tu vida: Cristo, que es nuestra vida (Col 3, 4).

EL CRISTIANO Y LA ALIANZA BAUTISMAL

Cuando entraste en alianza con Dios, por el bautismo, te ofreciste, entregaste y consagraste a su divina majestad y te comprometiste a dos grandes cosas.

1. Por boca de tus padres y padrinos renunciaste a Satanás, a sus vanidades y obras pecaminosas.

2. Te vinculaste a Jesucristo por la fe, la esperanza y la caridad y así lo deberás seguir: por la fe en sus palabras y doctrina, por la esperanza en sus, por la caridad que cumple sus mandamientos y sus máximas. Por eso debes revestir sus sentimientos, sus virtudes y su vida. Y lo debes seguir, no sólo como un servidor a su amo, sino como un miembro a su cabeza.

Esto le hace decir a san Gregario de Nisa: Ser cristiano significa ser una sola cosa con Jesucristo, y por consiguiente vivir de la vida de Jesucristo. Así como la vida del brazo es continuación de la vida de la cabeza, así la vida del cristiano continúa la vida de Jesús en la tierra.

Si por el bautismo hemos sido injertados en este árbol divino y nos hemos incorporado a esta adorable cabeza, debemos también vivir de su vida y seguir sus huellas: Quien dice que está siempre con él debe andar de continuo como él anduvo (1Jn 2, 6).

Estas son las obligaciones que has contraído mediante las promesas que hiciste en el bautismo, no a un niño u hombre mortal, sino al Dios inmortal, en forma pública y solemne, a la faz de toda la Iglesia.

Muy útil sería que un cristiano renovara estas promesas bautismales no sólo una vez al año, sino todos los días. Al despertarse por la mañana, después de pronunciar el santo nombre de Jesús y María y de hacer la señal de la cruz, puedes pronunciar de todo corazón las siguientes palabras: Renuncio a Satanás para seguir sólo a ti, mi Señor, mi Redentor, mi Cabeza y mi vida. Y lo mismo conviene hacer al acostarse y cuando experimentes alguna tentación.