El Corazón de Jesús

1

MIENTRAS EL SÍMBOLO DEL CORAZÓN SIGA HABLANDO AL HOMBRE DEL AMOR

Habrá razón para hacer una teología del Corazón del Señor ;

Para seguir celebrando en la liturgia la solemnidad del Amor de Dios, simbolizado en el Corazón de Cristo.

Para seguir viviendo, con ufanía eudista, que sea patrimonio histórico de nuestra comunidad esta celebración eclesial del Divino Corazón.

¿UNA TEOLOGÍA DEL CORAZÓN?

Todo cuanto es realidad en el mundo, mirado desde el designio de Dios sobre la creación es susceptible de una teología. Teologías emergentes las llaman hoy: del ocio y del trabajo, de la cruz y de la esperanza, de la vida y de la muerte. ¿Por qué no del corazón con toda la carga que es susceptible de llevar en el lenguaje humano? En esta teología el más importante no es el Corazón sino lo que él envuelve y significa: EL AMOR. Significante y significado, continente y contenido, simbolizante y simbolizado, pero inseparables, iluminado el uno por el otro.

Hemos llegado a la conclusión de que el amor de Dios, desbordado y omnipotente, es la fuente y la explicación de toda la obra divina, de cuanto existe, en todos los órdenes. “De tal modo amó Dios al mundo…” El salmista hacía cantar a toda una asamblea gozosa: El Dios que da a conocer su misterio, porque es eterno su amor. Que crea mundos… que interviene en la historia a favor de su pueblo… que está presente en el acontecer del hombre… (Sal 136). Amor efectivo y eficaz, amor tierno, paternal y maternal, de entrañas. Amor en el secreto íntimo de Dios: el Espíritu Santo, amor infinito entre el Padre y su Hijo. Amor fuerte que cautiva: “Quién nos separará del amor de Dios”… Amor que llega al límite imposible al hombre: “Los amó hasta el extremo…”

Un día se preguntó Juan Eudes: ¿Cómo enseñar ese amor, cómo hacerlo percibir, cómo hacer vibrar al hombre frente a esa realidad?

Quiso celebrar en la Liturgia ese amor simbolizado en el Corazón. Nada más legítimo. Hace parte del misterio de Dios, de Cristo, del Espíritu que es el objeto de la Liturgia. Quiso hacerlo el 20 de octubre, al fin del año litúrgico, para reunir y recoger en una fiesta todo ese amor que la liturgia ha celebrado a lo largo del año.

Me pregunté al comenzar: “Se puede hablar hoy de actualidad del Corazón de Jesús? Respondo:

Mientras haya un Dios empeñado en amar al hombre, en conducirlo amorosamente a través de los avatares de la historia y las miserias del tiempo hasta el Corazón de su propio misterio…