Homilía del III Domingo de Cuaresma 2020

Junto al pozo, un diálogo que genera vida nueva

AMBIENTACIÓN:

En la organización de los evangelios dominicales de Cuaresma, cada ciclo tiene sus características peculiares. El de este año, el ciclo A, presenta durante tres domingos unos pasajes, no de Mateo, sino de Juan, que quieren prepararnos a la Pascua por medio de un camino de «discipulado«, que nos va conduciendo poco a poco, hacia el encuentro con la Vida Nueva en el Misterio Pascual de Cristo.

Después  de  las  «tentaciones  de  Jesús»”  en  el  desierto  (Domingo  1°)  y  de  su «transfiguración»”  (Domingo  2°),  los  Domingos  del  3°  al  5°  nos  ofrecen  tres pasajes «bautismales»: el «agua viva» ofrecida a la mujer samaritana junto al pozo (Domingo 3°),, la «curación del ciego de nacimiento» (Domingo 4°),y la «resurrección de Lázaro» (Domingo 5°). Estos pasajes son de claro contenido cristológico, con una revelación progresiva  hasta  llegar  al  «yo  soy»:  Jesús como  «Agua  viva»,  como  «Luz»   y como «Vida», tres conceptos muy característicos de Juan y muy propios del camino de iniciación cristiana, que tradicionalmente han servido para motivar el camino bautismal de los catecúmenos, es decir, de quienes se preparan para el Sacramento, o también de la comunidad cristiana en su recorrido cuaresmal hacia la Pascua.

En este Domingo la Iglesia quiere que miremos hacia adelante, hacia la gracia salvadora de la Pascua. Esta gracia supone la renovación cuaresmal, y está simbolizada por el agua que sacia la sed para siempre.

1. PREPARACIÓN: INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Ven, Espíritu Santo, a llenar nuestra vida con tu acción vivificadora, para que sepamos descubrir la presencia de Jesús.

Danos fe en la Palabra viva y liberadora de Jesús; que ella sacie la sed de todos los sedientos de verdad y de justicia, de paz y de amistad.

Amén.

2. LECTURA: ¿QUÉ DICE EL TEXTO ?

Ex. 17, 3-7: «Danos agua para beber»

La lectura del Exodo introduce el tema del Evangelio: a través de su Éxodo, el pueblo en el desierto sufrió calor y sed; y esto es un símbolo de la condición humana. Moisés producirá para ellos agua que saltaba de una piedra; y esto es un símbolo de Cristo fuente de gracia.

En el repaso de la historia de la salvación que hacemos en las primeras lecturas de los domingos de Cuaresma, después de recordar el domingo pasado a Abrahám, hoy se nos presenta a Moisés, el gran líder que sacó al pueblo israelita de Egipto y lo condujo a través del desierto hasta las puertas de la tierra prometida.

La página de hoy nos presenta un episodio muy agitado de rebelión y protesta del pueblo: episodio que ha quedado en la historia de Israel como «el día de Meribá y Massá en el desierto». Massá significa «prueba» y Meribá, «protesta». El cansancio del camino por el desierto, la pertinaz sequía y la sed hacen que protesten contra Moisés: le echan en cara que les ha traído a morir al desierto. Moisés, cansado también él de soportar a ese pueblo, acude a Dios, y, golpeando la roca que Dios le señala, consigue el agua deseada, para las personas y el ganado,.

La conclusión no se sabe bien si es una afirmación o una pregunta dubitante: «¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?»..

Sal. 95(94): «No endurezcan sus corazones»

El salmo invita, por una parte, a los creyentes a elevar alabanzas y vítores al Señor, porque «él es nuestro Dios y nosotros su pueblo». Pero también advierte: «no endurezcan sus corazones como en Meribá, como el día de Massá… cuando sus padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras».

Ro. 5, 1-2.5-8: «El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado»

Para S. Pablo, la gracia liberadora de Cristo es sencillamente el mismo amor de Dios

«derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha sido dado». Y este amor es tanto más verdadero y misericordioso, por cuanto nos fue concedido mientras aún éramos pecadores. Esta vez parece que la página de Pablo que leemos se refiere más bien al evangelio que va a seguir, sobre todo por la afirmación sobre el Espíritu Santo de Dios que se derrama en nuestros corazones.

Pablo, en el capítulo en que compara al primer Adán con el segundo y definitivo, resalta la salvación que nos ha venido de Cristo. Por medio de él y de su entrega pascual, y precisamente cuando todavía éramos enemigos de Dios y pecadores, estamos en paz con Dios y gozamos de la esperanza de su gloria. Esa es la «prueba de que Dios nos ama» y, sobre todo, de que «el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado».

También Pablo dice, en la 2a lectura, cómo sale a nuestro encuentro el amor del Padre que se nos da por su Espíritu en lo más profundo de nuestro ser, el amor que se nos ha manifestado sobre todo en ese Cristo Jesús que ha muerto por nosotros, a pesar de que no nos lo merecíamos. Estamos envueltos en el amor de Dios.

EVANGELIO DE JESUCRISTO SEGÚN SAN JUAN

Jn. 4,3-42: «Si conocieras el don de Dios…»

1 Cuando Jesús se enteró de que los fariseos habían oído decir que él tenía más discípulos y bautizaba más que Juan 2 –en realidad él no bautizaba, sino sus discípulos– 3 dejó la Judea y volvió a Galilea. 4 Para eso tenía que atravesar Samaría.

5 [Jesús] Llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. 6 Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía. 7 Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber». 8 Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos. 9 La samaritana le respondió:

«¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?». Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos. 10 Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva».

11 «Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva? 12 ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?». 13 Jesús le respondió: «El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, 14 pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna».

15 «Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla». 16 Jesús le respondió: «Ve, llama a tu marido y vuelve aquí». 17 La mujer respondió: «No tengo marido». Jesús continuó: «Tienes razón al decir que no tienes marido, 18 porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad». 19 La mujer le dijo: «Señor, veo que eres un profeta. 20 Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar». 21 Jesús le respondió: «Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre. 22 Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros  adoramos  lo  que  conocemos,  porque  la  salvación  viene  de  los judíos.

23  Pero  la  hora  se  acerca,  y  ya  ha  llegado,  en  que  los  verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. 24 Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad». 25 La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo». 26 Jesús le respondió: «Soy yo, el que habla contigo». 27 En ese momento llegaron sus discípulos y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Sin embargo, ninguno le preguntó: «¿Qué quieres de ella?» o «¿Por qué hablas con ella?». 28 La mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: 29 «Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías?». 30 Salieron entonces de la ciudad y fueron a su encuentro.

31 Mientras tanto, los  discípulos  le  insistían  a  Jesús,  diciendo:  «Come,  Maestro». 32 Pero él les dijo: «Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen». 33 Los discípulos se preguntaban entre sí: «¿Alguien le habrá traído de comer?». 34 Jesús les respondió: «Mi comida es hacer la voluntad de aquel que me envió y llevar a cabo su obra. 35 Ustedes dicen que aún faltan cuatro meses para la cosecha. Pero yo les digo: Levanten los ojos y miren los campos: ya están madurando para la siega. 36 Ya el segador recibe su salario y recoge el grano para la Vida eterna; así el que siembra y el que cosecha comparten una misma alegría. 37 Porque en esto se cumple el proverbio: “Uno siembra y otro cosecha”.

38 Yo los envié a cosechar adonde ustedes no han trabajado; otros se fatigaron, y ustedes y ustedes se aprovechan de su fatiga».

39 Muchos samaritanos de esa ciudad habían creído en él por la palabra de la mujer, que atestiguaba: «Me ha dicho todo lo que hice». 40 Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y él permaneció allí dos días. 41 Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra. 42 Y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo».

Palabra del Señor

R/. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Re-leamos el texto:

a)Contexto: Jn. 2-4

Cambiamos al evangelio de Juan. Jesús había realizado su primer signo en la boda de Caná (Jn. 2,1-12) y, ya en Jerusalén, realiza otro signo: la llamada “purificación del templo” (2,13-22). Después viene la entrevista con Nicodemo (3,1-21) y el último testimonio sobre Jesús que hace Juan Bautista (3,22-36).

Precisamente en el evangelio de hoy se retoman varios temas presentes en dicho testimonio (el Cristo, la vida eterna). Después de este episodio con la samaritana, Jesús llegará a Galilea, donde realizará el segundo signo: la curación del hijo de un funcionario real (4,43-54).

b)   Una organización del texto para ayudar a la lectura:

1-4: Entorno histórico y geográfico de la escena

5-6: Crea el escenario donde se entabla el diálogo

7-26.28-30: Diálogo de Jesús con la mujer de Samaria.

  • 7-15:    Sobre el agua y la sed
  • 16-18:    Sobre el marido y la familia
  • 19-26:    Sobre la religión y el lugar de la adoración
  • 28-30:     La mujer se hace misionera

31-38: Jesús y los discípulos.

39-42: Describe el resultado de la acogida a Jesús en la Samaría

43: Permanencia en Samaria

c)   Comentario:

vv. 1-4: Entorno histórico y geográfico de la escena.

No necesariamente Jesús debía pasar por allí. Los judíos preferían esquivar el paso por Samaria y tomaban el camino de la Decápolis en sus viajes de Judea a Galilea (Lc. 9, 51-54). Ese «debía atravesar la Samaria» es más teológico que circunstancial. En su camino de cumplimiento de la misión salvadora, universal y abierta a congregar el Nuevo Pueblo de Dios, Samaria no es un escollo sino un campo propicio para sembrar la Palabra (v. 4).

vv. 5-6:

Además de los samaritanos Samaria evocaba, sobre todo, la historia patriarcal. Se nos describe el Antiguo Testamento a través de detalles y nombres: Jacob (Gn. 28; 33, 18-20; 48, 22); el pozo de Jacob, célebre en la historia, identificable con probabilidad hoy en día, profundo (32 metros), con agua corriente; José, el patriarca vinculado a este sitio a través de la tribu de su hijo Efraín; Siquem y Sicar, con toda su carga histórica, patriarcal.

Toda esa historia está esperando por siglos a Jesús, el Cristo. Allí llega, fatigado, y se sienta junto al pozo. En el Antiguo Testamento los pozos fueron lugar de encuentro, de gracia: Moisés encuentra a Séfora, esposa (Ex. 2, 16-22); Isaac se encuentra con Rebeca (Gn. 24, 62-67), Jacob con Raquel (Gn. 29, 9-13). La «fatiga» de Jesús no es sólo una dimensión de la verdad de la encarnación (tema Juánico: 1Jn 1, 1-4) sino anuncio de la fatiga de la misión apostólica (Jn. 4, 38). La hora del mediodía es la de la plena luz que trae Jesús a una oscuridad, la que envolvía Nicodemo (Jn. 3, 2). Y es la hora de la crucifixión de Jesús, cuando allí se haga la luz sobre su misión (Mt. 27, 45).

vv 7 -26.28-30: Diálogo de Jesús con la mujer de Samaria.

Dos personajes en este diálogo, dos mundos, una misión, dos necesidades. Jesús, directo en sus preguntas y respuestas; ella, evasiva, sin querer revelar del todo su mundo. Jesús es «provocador».

vv. 7-9:

Dos Pueblos, el judío y el mundo samaritano. Detrás de todo ello la misión de Jesús: para un pueblo desechado por los judíos. Jesús, que viene a hacer el Nuevo Pueblo de Dios, abre las puertas. Ya las reticencias judías sobre el origen de los samaritanos no cuentan. Cuenta el nuevo mundo de Dios que se está abriendo en Jesús.

¿Por qué una mujer? Representa lo débil, lo más vulnerable y susceptible de marginación de la sociedad de su tiempo. Lo más necesitado. Por ella se abre la puerta de la salvación que trae Jesús. Sin pensarlo ella aporta en sí misma la sed de la salvación de ella y de su pueblo. Llega a llenar su necesidad: el agua, vida y salvación. Jesús empieza por ofrecer lo nuevo: una fuente que es él mismo. Jesús se manifiesta desafiante, provocador».

Jesús, como ya en el diálogo con Nicodemo y más adelante en otros encuentros, parte de la realidad. El agua natural, necesaria para la vida. Jesús mismo necesita de ella para su fatiga. El, por quien fueron hechos mares y ríos, mendiga un poco de agua. La mujer rehúsa apelando a la rivalidad entre judíos y samaritanos. No pueden compartir ni lo vital.

v. 10:

Pero, para desconcierto de su interlocutora, Jesús pasa a otra esfera, la espiritual. En ella continúa el diálogo. La oposición a partir del símbolo del agua. Salvadora y destructora como en el diluvio; salvadora y destructora como en el paso del mar Rojo; salvadora como en las fuentes de la roca del desierto, que ya figuraba a Cristo (1Co. 10, 4). Un tema rico que se va a hacer personal en Cristo: Jn 7, 37-39; 19, 34. El agua se hace símbolo del

«don de Dios», encarnado en Jesús, que debe ser descubierto por el creyente, a partir de la necesidad de la salvación.

vv. 11-12:

Es difícil de entender: Como Nicodemo (Jn. 3, 4), la mujer queda en primer lugar en el plano natural: «No tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde tienes es agua viva?» (v.11). Y, en seguida, aparece otra oposición: «Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob…»? (v. 12). El pequeño clan de los patriarcas (los samaritanos sólo guardan como Escritura el Pentateuco) queda atrás. La mujer descubrirá que en Jesús, «más grande que Jacob», se abre un mundo nuevo: el del Nuevo Pueblo de Dios al que ella y los samaritanos están invitados (vv. 39-42).

vv. 13-14:

 Aparece otra oposición: el agua del pozo de Jacob, fuente de vida para él y para sus hijos y sus rebaños, que continúa quitando la sed de los samaritanos. El Pentateuco, que ellos guardan con celo, como seguridad de su pertenencia al pueblo elegido, era el pozo, la ley, en que ellos bebían salvación. Era un tema rabínico: La Ley considerada como fuente de agua (cfr. Pr 13, 14; 18, 4; Am 8, 11; Jr 2, 13; Is 12, 3; 44, 3; 55, 1.). Jesús ofrece  algo nuevo: un agua distinta, que calma la sed para siempre, fuente viva que lleva hasta la vida eterna  (cfr. Ez. 36, 25-32; 47, 1-12; Jn. 5,1-18; 7, 37-39; Ap. 22, 1-2…) El Espíritu será la ley nueva (Ro. 8, 2).

vv. 15-19:

Jesús da un paso fundamental: aborda la vida religiosa de la mujer. La envía a llamar a su esposo… Detrás del matrimonio natural se esconde otro: la alianza con el Dios

verdadero. El pueblo samaritano se ha plagado de ídolos: cinco rememora el Antiguo Testamento (2Re. 17, 30-31.41). La idolatría es rompimiento de la alianza, que aquí se insinúa con los colores conyugales. Para llegar a la revelación final es preciso arrancar del corazón la idolatría. Esos cinco ídolos serían los «cinco maridos» de la mujer…

vv. 20-24:

Otra oposición: el nuevo culto a Dios «en espíritu y verdad», por contraste con el culto antiguo en Jerusalén, auténtico, o en el Garizim, cismático. El mundo de los sacrificios queda atrás. Sus rencillas están superadas y sepultadas. Lo que cuenta ahora es el culto nuevo «en espíritu» (en definitiva el Espíritu Santo), como el único capaz de hacer digno al hombre de rendir el culto a Dios; y «en verdad» (en definitiva Cristo mismo, cfr. Jn. 14, 6), que muriendo en la cruz hará posible el sacrificio único y perpetuo, capaz de redimir (cfr. Hb 7, 26-28).

vv. 25-26:

Y se llega al punto crucial: el Mesías esperado y la salvación. Todo encaminaba a este término. La mujer expresa su esperanza: todo se aclarará en la hora de Dios. Jesús se adelanta y se revela a ella como el Mesías (vv. 25. 26).

La declaración de Jesús es solemne, en un lenguaje que lo revela en toda la hondura de su misterio: ese «Egó eimi» (ἐγώ εἰμι = Yo soy) tiene la resonancia del Ex 3,14.

vv. 28-30:

El mundo de la mujer cambia radicalmente. Lo expresa hermosamente el texto al decir:

«La mujer dejó allí su cántaro» (v. 28). El agua que iba a buscar ya no se necesita. Su sed se ha calmado. Ha descubierto a Jesús y se hace anunciadora, evangelizadora. Otra agua, Cristo, ha surgido en su vida, para otra sed: la de la salvación.

vv. 27.31-38: Jesús y los discípulos.

v. 27:

Llegan los discípulos. Habían ido al pueblo a buscar alimentos (cfr. v. 8). Se admiran de que Jesús entable diálogo con la mujer samaritana. No sólo no era bien visto a un hombre hablar con mujer desconocida, menos aún si lo hacía un Rabino, sino que se interrogan sobre por qué Jesús entrega la Palabra de la salvación a una extranjera y, de repeso, samaritana.

Se diría que adrede Jesús escoge a una mujer para hacerla destinataria y portadora de su palabra de salvación universal: conversar con una mujer era romper las tradiciones (un rabino no habla con una mujer), desborda las fronteras y da valor especial a la mujer. En una cultura que infravaloraba la mujer la actitud de Jesús es provocadora y al tiempo iluminadora del mundo nuevo que se abre.

vv. 31-34:

Otra oposición: posición: los dos alimentos. La necesidad del alimento material ha pasado. Los discípulos insisten en ese punto pero Jesús no. Para él existe otro alimento que es la Voluntad del Padre. Revelar el misterio de Dios a la samaritana es cumplir lo que el Padre quiere. Los discípulos tendrán finalmente que descubrir esa Voluntad en el designio salvador que el Padre ha encomendado a Jesús, sobre todo a través de su muerte y resurrección (cfr. Lc. 22, 42). Es para Jesús tan imperiosa y más que su alimento.

vv. 35-36:

Otra oposición: las dos cosechas. Hace parte de la Voluntad del Padre. La cosecha material que ya despunta en los campos, anunciadora de otra cosecha que inicia Jesús y durará hasta el fin de la historia: la salvación de la humanidad. La llegada de Jesús Salvador a los samaritanos y la acogida que ellos le dispensan abren el trabajo de la cosecha (cfr. Jn. 4, 42; Lc. 10, 2; Mt. 9, 37-38; Ap. 14, 14-20).

vv. 37-38:

Oposición: dos fatigas. Hay toda una historia de fatiga, sudores, a lo largo de la experiencia salvadora de Dios, desde los patriarcas, el éxodo, los profetas, los justos. Jesús mismo va a pasar por la pasión para cumplir la salvación. La parte más penosa de la siembra es ésa. Vendrá la alegría de la cosecha. Los discípulos están llamados a disfrutarla. Sudor y alegría dan unidad al trabajo misionero. Cuando se escribe el evangelio esa historia se está viviendo (cfr. Is. 9, 1-2; Sal. 126(125), 5-6).

vv. 39 – 42: acogida en samaria

Por oposición al Pueblo escogido que no lo recibió (cfr. Jn. 1,11) se vive en Samaria la alegría de la salvación. La mujer se ha hecho evangelizadora, los samaritanos le creyeron, hicieron luego la experiencia de encontrar ellos mismos a Jesús. Llegan a la plena fe: descubren en él, por experiencia propia, al salvador del mundo.

El texto sugiere el gozo de la Iglesia primitiva con la adhesión de los samaritanos a la fe y su entrada a la comunidad nueva (Hch 8). Es posible igualmente que allí se hubiera vivido en intensidad una experiencia de comunidad Joánica. El evangelizador no oscurece a Jesús sino que lo anuncia, conduce a los demás hacia él. El evangelizado debe hacer el encuentro personal, la propia experiencia del Señor.

v. 43:

Pasó allí dos días, el tiempo profético de hacer revivir, en vísperas del 3er. día, el de las grandes intervenciones de Dios (cfr. Os. 6, 2).

3. MEDITACIÓN: ¿QUÉ NOS DICE EL TEXTO?

  • ¿Cuáles son los personajes de este relato?
  • ¿Qué hace y qué dice cada uno de esos personajes?
  • ¿Qué transformaciones se realizan en este relato y a qué se deben?
  • ¿Qué considero como lo principal en estos textos?
  • ¿Cuáles enseñanzas saco para mi vida?

 Evangelizados y evangelizadores

 Este texto se usó en la antigüedad como «escrutinio». Texto que en la cuaresma (tercer domingo) servía para preparar a los catecúmenos al bautismo en la noche pascual. Se les hacía un examen sobre este texto. Dentro de la interpretación sacramental del evangelio de Juan se lee como una catequesis de preparación al bautismo. Algunos sugieren igualmente que para la Eucaristía por la alusión al alimento.

La mujer ha cambiado totalmente gracias al don de Jesús. Ha sido evangelizada. Sus intereses, sus necesidades son otros. Y se hace evangelizadora. El apóstol, hecha la experiencia de Jesús, no puede no hablar de él. Somos nosotros los que hoy somos evangelizados por esta palabra de Jesús. Este texto nos muestra las dificultades iniciales para aceptar a Jesús: prejuicios, temor de enfrentar la realidad que obstaculiza la fe, pretextos sobre el mismo culto, dudas hasta el final. Es nuestro encuentro con Jesús en el pozo de la vida. ¿Qué imagen tenemos de Jesús? ¿Qué esperamos de él? ¿Cuáles son nuestras preocupaciones primordiales? ¿El agua o Dios y su Hijo, Jesucristo? El se nos ofrece como el agua viva que nos desaltera, nos hace entrar, purificados de idolatrías, al nuevo pueblo que es la Iglesia, su Cuerpo. En el fondo tenemos una catequesis bautismal que nos concierne. Es la entrega radical a Jesús Salvador. Somos evangelizados sobre la persona de Jesús. Sus títulos, “Los nombres de Cristo” de Fray Luis de León, son un vehículo maravilloso para entrar en el misterio íntegro de Jesús, hombre y Dios, Mesías y Salvador, que nos revela el misterio de Dios y nos adentra en él.

Proceso de la fe

Notemos el proceso que va haciendo la samaritana: pasa de sus búsquedas más superficiales a las más profundas; del agua material al agua viva; de la percepción de Jesús como un “judío”, un simple “hombre”, al reconocimiento de Jesús Profeta y Mesías- Cristo. Su fe sorprendida la arrastra a dejar el cántaro (“cisternas agrietadas que no retienen el agua”, cf. Jer 2), y a anunciar lo que ha visto y oído. Su fe contagia de fe a sus paisanos, quienes terminan confesando: “Este es verdaderamente el Salvador del mundo”. ¿Crees que Jesús es el Salvador del mundo y tu Salvador, como confesaron los samaritanos? ¿Sientes la urgencia amorosa de anunciarlo así a los demás?

¿De qué tenemos sed?

Nos podemos ver fácilmente reflejados en la historia del pueblo y en la situación personal de la samaritana. El pueblo de Israel estaba cansado y sediento. Ya quedan lejos el entusiasmo primero al salir de Egipto y los proyectos optimistas sobre la tierra prometida. Ahora se dan cuenta de que entre Egipto y la tierra prometida está el desierto, lleno de fatigas y peligros y sequía.

También la mujer sedienta que acude al pozo es una imagen patética, representativa de la situación de la humanidad. Tiene sed, y no sólo de agua, sino de felicidad: la está buscando y no está satisfecha. Ya ha tenido cinco maridos. Es buen retrato de una humanidad que busca, que tiene sed, que no sabe bien a qué pozos acudir a por agua, que se hace preguntas profundas y no encuentra soluciones satisfactorias. En ambos casos Dios les da agua para su sed.

4. ORACIÓN: ¿QUÉ LE DECIMOS NOSOTROS A DIOS?

Gracias, Señor, por enseñarnos a encontrarte, más allá de lugares determinados, en el fondo de cada corazón humano, «en espíritu y en verdad».

Allí donde fragua la guerra y la paz, donde se siega el trigo y se hace el pan, donde se administra el sudor de los trabajadores,  donde se reparte el agua y la palabra, allí estás Tú.

El mundo es tu templo, cada persona es tu morada, en donde quieres ser servido y adorado.

Padre de bondad, concédenos saciarnos del agua viva del Espíritu, que salta hasta la vida eterna.

Te encomendamos a todos los hombres y mujeres del mundo que -sabiéndolo o no- te buscan con sincero corazón.

Que todos nosotros podamos encontrarnos de cerca con el Señor Jesús, como la mujer samaritana, y que permanezca en nosotros tu gracia como fuente de alegría, de vida y de esperanza.

Que en el Espíritu te alabemos y bendigamos por Cristo

Amén.

5. CONTEMPLACIÓN – ACCIÓN: ¿A QUÉ NOS COMPROMETE LA PALABRA?

Cristo es el agua de vida

Todos tenemos sed: sed de verdad, de felicidad, de amor, de vida. Es bueno que sintamos sed. Sería una pena que no sintiéramos sed de nada. Entonces no andaríamos en búsqueda: el que no tiene sed, no busca fuentes de vida, el que lo sabe todo no pregunta, el que se cree un santo, no pide perdón, el que se siente rico, no pide nada. El que tiene todo eso, ¿para qué necesita la Pascua y la salvación?

Si nos vemos reflejados en ese pueblo que camina fatigosamente por el desierto o en esa mujer que acude al pozo con su cubo, podremos entrar dentro de nosotros mismos y situarnos ante Dios en la actitud justa; «como tierra reseca, agostada, sin agua», como dice el salmo.

Y en vez de ir buscando aguas no verdaderas en otros «pozos» que nos pueden parecer apetecibles, le pediremos en esta Pascua, haciendo nuestras las palabras de la buena mujer: «Señor, danos esa agua».

Si tenemos esa experiencia podremos también imitar a Cristo en otro aspecto: nos sentiremos movidos a ayudar a otros a que se den cuenta de esa sed que tienen y acompañarles al manantial del agua verdadera y profunda, Cristo Jesús.

Sumergirnos en la fuente del agua viva y sentir la vida, la frescura, la experiencia silenciosa de Dios en nosotros. Renovar nuestra alianza bautismal con el Señor y proponernos algo concreto que mantenga viva nuestra vida en él, como oración, como ejercicio evangelizador a los hermanos.

Relación con la Eucaristia

Jesús se entrega por amor y n os sigue demostrando en cada celebración su amor a nosotros y a la humanidad. Este amor es el que salva la vida y la llena plenamente. Este amor es el que se hace actual para nosotros en la Eucaristía.

Para meditar durante la semana:

  1. La Samaritana ha llevado el tema de la conversación hacia la religión. Si tú pudieras hablar con Jesús y hablar con Él, ¿qué temas quisieras tratar con Él? ¿Por qué?
  2. ¿Será verdad que adoro a Dios en espíritu y verdad o me apoyo y oriento más sobre ritos y prescripciones?
  3. ¿En qué puntos la conducta de Jesús, me interroga, interpela, provoca o critica?
  4. ¿Qué es para mí el apostolado?
  5.  ¿Cómo procedo para compartir con otros -cuando es pertinente- mi experiencia cristiana?

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