II retiro provincial 2019 (II) Medellín

El predicador del II retiro provincial de este año fue el P. Miguel Marte. Eudista dominicano que ha prestado valiosos servicios en la Provincia durante sus casi 17 años de vida presbiteral. Ha sido miembro del equipo de formación de Honduras y párroco en la Parroquia san Ramón nonato en Santiago de los Caballeros, RD. Ha cursado estudios en la Pontificia Universidad Comillas de Madrid (España). Este año ha sido párroco en la Parroquia san José Obrero en Juan Lacaze (Uruguay).

Gracias a la participación cordial de todos los retirantes se cumplió el objetivo de estos tiempos de recuperación espiritual en común que prevén nuestras Constituciones (Cfr. 42). Cada uno pudo vivir, este año, de la mano de la predicación del P. Miguel, la gracia del retiro.

Se dio un ambiente de fraterna convivencia, cada uno procuró vivir tiempos de oración personal y se vivieron de manera gozosa y atenta las celebraciones comunitarias: la eucaristía y la Liturgia de las horas.

El tema del retiro: El camino de la vida y sus paisajes. El objetivo: motivar la reflexión, la meditación y la oración de los participantes en el retiro.

Leamos con atención la reseña que elaboró el mismo P. Miguel sobre este II retiro espiritual 2019 en la Provincia de Colombia (Residencia san Miguel, Medellín-Colombia).

RESEÑA RETIRO ESPIRITUAL SAN MIGUEL 2019

El camino de la vida y sus paisajes. Así se ha titulado una serie de apuntes para motivar la reflexión, meditación y oración durante el retiro espiritual de este año en la comunidad de san Miguel. La metáfora del camino nos ha parecido un potente recurso para referirse a la trayectoria vital del ser humano y sus itinerarios; y la del paisaje una clara alusión a los distintos matices que la componen.

Tres citas bíblicas han servido de pórtico para entrar en la dinámica del retiro. Ellas despiertan la confianza de que Dios camina con  nosotros a lo largo de nuestra vida: Is 45,2-3; Ex 23, 20; Tob 5, 17.

Cinco actitudes se han propuesto para mejor aprovechamiento de esta experiencia: 1) una actitud orante; 2) vivir el instante presente; 3) aceptación de la situación en que me encuentro; 4) vivirla en un clima de adoración y acción de gracias; 3) una actitud contemplativa.

En cuanto a la imagen del camino hemos recordado cómo esta era bastante conocida para el pueblo de Jesús, el cual llegó a ser lo que era haciendo un largo camino. En el Antiguo Testamento quedó plasmado de una manera singular que el mismo Dios iba conduciendo al pueblo de Israel por el camino de su historia. Los dos grandes éxodos vividos por ellos son el mejor testimonio: la salida de Egipto hacia la tierra prometida y el regreso de Babilonia después de aquel largo y doloroso destierro.

Se ha insistido en que en la vida vamos de camino, pero no como quien va de paseo o de excursión, sino como quien participa de una aventura. A lo largo de la misma tenemos que enfrentarnos una y otra vez a nuevos retos, poner a prueba nuestras fuerzas, tanto las físicas como las de la voluntad. Es un camino que nos presenta trayectos selváticos, enmarañados y otros más claros, donde podemos avanzar sin mayor peligro. Nos topamos con montañas que precisamos escalar y largos valles que atravesar. Lo mismo que desiertos y pantanos. ¿Quién no ha sentido aridez en su camino vital? ¿Quién no ha tenido que atravesar temporadas desérticas? ¿Quién no se ha visto empantanado en algún momento de su vida? Claro, también hemos disfrutado de la cima de alguna hermosa montaña.

Hemos recordado que los paisajes de la vida pueden ser leídos como una palabra y/o como un acontecimiento. Cada uno de ellos nos habla en la medida en que dejan su huella en nosotros. Vivimos de la Palabra que nos habita y de los acontecimientos que nos ocurren. Palabra y acontecimiento están tan íntimamente unidos que el dabar bíblico podría entenderse de una u otra manera, como palabra lo mismo que como acontecimiento.

Toda palabra es un acontecimiento y todo acontecimiento es una palabra. Dios se hace presente en nuestra vida a través de palabras y acontecimientos. Siendo la vida misma fruto de una palabra (llamada) que ha hecho de ella un acontecimiento. Hemos reflexionado cómo nuestro camino existencial podría ser segmentado tanto por etapas cronológicas como por regiones topográficas. Cuando lo cronológico y lo topográfico se encuentran a veces producen acontecimientos neurálgicos para la persona.

Entonces podemos hablar de un momento kairótico. Un aquí y ahora cargado de sentido. En el “kairós” aparecen envueltos los acontecimientos que llenan de sentido la historia personal y comunitaria. Entonces podemos hablar del “aroma del tiempo”. Nos hemosdetenido a meditar cómo Dios no se contenta solo con llamarnos a la vida, con invitarnos a partir, sino que nos acompaña en todo nuestro recorrido existencial. Dos categorías claves de la historia de la salvación nos han guiado al respecto: alianza y promesa. La primera nos remonta al pasado, a un vínculo por el que Dios quiso desposarse con su pueblo o ser nuestro padre y que nosotros fuésemos sus hijos; la segunda, apunta al futuro, a la plenitud de los tiempos, al encuentro definitivo con Dios.

En lo que respecta a los paisajes vitales, diversos textos bíblicos nos han servido de orientación para reflexionar en torno a tres de ellos: Desiertos montes (colinas) y valles (llanuras). Esas tres variantes topográficas predominan en las narraciones bíblicas. Podemos decir lo mismo respecto a nuestro mapa personal. Son escenarios o paisajes que configuran nuestra geografía vital.

En la reflexión sobre nuestros desiertos personales nos hemos dejado orientar por la travesía del pueblo de Dios (Ex 15-19; Dt 8; Neh 9), la experiencia de Elías (1Re 19, 1- 8) y lo vivido por Jesús (Mc 1, 12-13; Mt 4, 1-11; Lc 4, 1-13). El “discurso eucarístico” pronunciado por Jesús (Jn 6) nos ha dado la clave para atravesarlos: contar con comida, bebida y palabra.

Para la meditación sobre los montes de nuestra vida hemos acudido a cuatro conocidísimas escenas evangélicas, y que representan algún aspecto esencial de nuestra vida: el monte de las tentaciones en Mt 4, 8 (ansia de poder), el de las bienaventuranzas en Mt 5, 1-12 (deseo de felicidad), el de la transfiguración en Lc 9, 28-36 (búsqueda de plenitud) y el monte Calvario (imagen de las contradicciones que debemos integrar). En la reflexión sobre los valles de la vida, escenario de las más arduas batallas tanto para el pueblo de Dios como para nosotros, nos hemos detenido con especial interés en dos escenas: la contienda entre israelitas-David y filisteos-Goliat (1Sm 17) y la batalla entre el ejército de Israel y el de Amelec (Ex 17, 8-16). El primero de estos relatos nos ha permitido meditar en la dupla miedo-confianza, mientras que el segundo nos ha orientado en dos sentidos: la inseparabilidad oración-acción y la complementariedad de lo personal-comunitario. Para concluir que tan importante es la lluvia que cae del cielo como las aguas subterráneas que mantienen fértil la tierra en tiempos de sequía.

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