La Casa General

El Colegio San Juan Eudes de Roma: “Todos en la misma barca”

Como todos los habitantes de Roma, nuestro Colegio San Juan Eudes participó de la experiencia del confinamiento (fase 1) desde el 12 de marzo hasta 3 de mayo. Muchos colegios romanos decidieron cerrar al inicio o durante la cuarentena por los múltiples problemas que suponía el sostenimiento económico, preservar la salud de sus residentes y la dificultad para hacer cumplir las normas de bioseguridad. Nuestro Colegio, con sus 14 estudiantes y tres formadores, sin embargo, decidió vivir a pleno este período. Debemos agradecer infinitamente la generosidad del personal de servicio de la casa que también decidió apostarle a seguir trabajando ordinariamente durante este período crítico, a pesar de haber podido libremente permanecer en casa. No exentos de momentos difíciles de incertidumbre y de tensión, nuestra visión retrospectiva es sobre todo agradecida.

Creo que a este balance positivo contribuyeron tres elementos fundamentales:

1. La buena disposición general de sentirnos todos parte de esta “aventura” asumiendo que estábamos en “la misma barca”. Las medidas tomadas en horarios, disposición de los espacios de la casa y protocolos fueron no causaron mucha dificultad. Se dieron muchas muestras de solidaridad y servicio, así como gestos que mostraban el sentido de pertenencia. Más de uno se aventuró a ayudar en la cocina, compartiendo sus conocimientos culinarios; otros colaboraron en el aseo de la casa y el cuidado del jardín; otros se distinguieron como grandes barberos; otros se motivaron a organizar encuentros por grupos.

2. Donde no faltó la comida típica, la música, o una buena película con pop-corn y cocacola. Los vecinos, todos los días, a las 6:00 pm salían a las ventanas y balcones para compartir canciones italianas, en más de una ocasión participamos individualmente, pero la mayor parte de las veces se trató de evitar que nos percibieran como un grupo grande y ruidoso, dado que el ambiente era muy sensible en ese período y más de una comunidad religiosa o sacerdotal fue injustamente denunciada en Roma porque no guardaban las normas de bioseguridad. Al inicio, aún en invierno, muchos teníamos síntomas de gripe y durante los siguientes tres meses más de uno tuvo que aislarse voluntariamente para controlar signos sospechosos, pero, dando gracias a Dios, ninguno padeció de COVID19. Más de una barba apareció y desapareció también en esta larga espera…

2. La simplicidad adoptada en los horarios concentró nuestro encuentro comunitario en la celebración eucarística y el almuerzo. Con ello, se dio fuerza a estos dos componentes: la vida espiritual y la vida comunitaria. Sin dudarlo, diría, después de dialogar personal y grupalmente, que la vivencia personal y comunitaria de la oración y la liturgia fue determinante para que pudiéramos sobrellevar las pruebas que nos impuso esta experiencia. Vivir la dinámica espiritual que propone la Cuaresma, la Semana Santa y la Pascua tuvieron una resonancia muy profunda en nuestras vidas. Además, porque el Papa Francisco nos ayudó con sus iniciativas a experimentar momentos que todavía nos conmueven. La oración extraordinaria del 27 de marzo en la Plaza de San Pedro, por ejemplo, dejó una huella imborrable. Nuestras intenciones eucarísiticas incluían permanentemente a los que sufrían y morían a causa de la pandemia, fue doloroso tener que incluir cada vez más frecuentemente nombres de familiares, amigos y algunos compañeros sacerdotes. El 13 de mayo consagramos nuestra comunidad a la protección de la Virgen María, a propósito de la bendición de una imagen en nuestro jardín.

3. La pronta implementación de estrategias didácticas virtuales por parte de las universidades romanas favoreció un buen ritmo intelectual que mantuvo la atención de los estudiantes concentrada en sus encuentros virtuales y en sus responsabilidades académicas. Tampoco se puede negar que el estudio en este período trajo más de un cuadro de ansiedad y estrés, pero se fue superando con paciencia. En todo caso, no hubo muchas quejas por la falta de tiempo. El final de la etapa de confinamiento dio paso a la fase 2, que también trajo sus propios retos, pues el desafío de cumplir los protocolos era aún mayor, visto que podíamos entrar y salir de casa. Además de la fuerte exigencia académica, típica de mayo y junio, ahora teníamos la tarea de visualizar nuestros compromisos de verano: retorno a casa, misiones, estudio de lenguas. El semestre terminó con los exámenes previstos y algunos pudieron llevarse a casa la alegría de haber concluido con éxito su programa de post grado. El sábado 20 de junio tuvimos un encuentro festivo de despedida del año: la Eucaristía y un asado en el jardín, con el agradable compartir comunitario. El Colegio, con nostalgia, comenzó a despedir a sus estudiantes desde fines de junio. Todos, gracias a Dios, han llegado bien a sus destinos programados (o reprogramados): misiones en diversos países europeos, estudios de verano o retorno a casa. Las universidades han garantizado el inicio de labores para el próximo año académico en la modalidad virtual y presencial, hay que felicitar a profesores y administrativos por este esfuerzo enorme. Se prevé que tendremos dificultades para asegurar un número de estudiantes igual al de este año, porque muchas diócesis prefieren esperar el segundo semestre o el próximo año para enviar a sus estudiantes. Los padres del equipo formativo permaneceremos en casa durante el verano romano respondiendo a las tareas derivadas del servicio a la Congregación y compartiendo con sencillez la vida fraterna.

P. Guillermo Acero Alvarín, cjm, Rector

 

 

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