Lectio divina del domingo IV de Cuaresma 2020

La Luz de la Vida

Ambientación

Seguimos viviendo la Cuaresma como preparación e inicio de la Pascua. En la oración colecta pedimos a Dios: «haz que el pueblo cristiano se apresure, con fe viva y entrega generosa, a celebrar las próximas fiestas pascuales». Y lo hacemos en una clave, sobre todo estos últimos Domingos, de iniciación de catecúmenos que se preparan al Bautismo.

Si el tema litúrgico del Domingo pasado fue la gracia salvadora de Jesús como agua viva, hoy El se revela como la luz auténtica que ilumina a la humanidad, que disipa las tinieblas del error y del mal.

1. PREPARACIÓN: Invocación al ESPÍRITU SANTO

Ven, Espíritu Santo, ilumínanos para que, escuchando la Palabra, dejemos entrar a nuestra vida la llamada del Padre a la conversión para beneficiarnos de su misericordia. Ven, Espíritu Santo, a llenar nuestra vida con tu acción vivificadora, para que sepamos descubrir la presencia de Jesús. Danos fe en la Palabra viva y liberadora de Jesús; que ella sacie la sed de todos los sedientos de verdad y de justicia, de paz y de amistad.

Amén.

2. LECTURA: ¿QUÉ DICE el texto?

1a lectura: 1 Sm. 16, 1b.6-7.10-13a: «Levántate y úngelo, porque éste es»

Este pasaje nos cuenta cómo Samuel, a pesar de que todavía vivía y seguiría reinando el primer rey, Saúl, recibe el encargo de elegir ya su sucesor. De los hijos de Jesé, parecían favoritos los mayores. Pero Dios tiene una manera de pensar distinta: no juzga por apariencias, sino que ve el corazón. Y elige precisamente al hermano más joven, David. Samuel, el mismo que antes había ungido a Saúl, ahora unge a David como futuro rey. David, además de su fervor religioso -en conjunto, a pesar de sus pecados, fue un rey «según el corazón de Dios»-, fue quien dio unidad política y prestigio a Israel entre las naciones.

La unción (masaje) es un simbolismo muy antiguo de la fuerza y la salud que Dios comunica a una persona para la misión que le encomienda, de la misma manera como el aceite cura y fortalece nuestra piel y nuestros músculos. Después de esta unción «invadió a David el Espíritu del Señor».

¡Es necesario aprender la lección!: los hombres ven la apariencia, Dios ve el corazón. La historia de la salvación, ya en sus etapas del AT, nos revela cómo actúa Dios. Cuáles son sus intenciones y planes.

Sal. 23 (22): «El me guía por senderos justos…»

El salmo nos recuerda que el verdadero rey, el que gobierna la historia de todos los pueblos, el auténtico pastor, que elige luego como pastores a los que él quiere, es Dios mismo: «el Señor es mí pastor, nada me falta… nada temo, porque tú vas conmigo».

2a Lectura: Ef. 5, 8-14:«Levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz»

La lectura de Pablo, en una de las últimas páginas de su carta a los cristianos de Éfeso (en la actual Turquía), nos prepara para escuchar el evangelio con la clave de la luz. «En otro tiempo eran tinieblas, ahora son luz en el Señor», «caminen como hijos de la luz». Por encima de la metáfora de la luz, Pablo hace la descripción de qué es un creyente y qué consecuencias tiene para su vida la fe en Cristo Jesús, «Luz del mundo».

«Cristo será su luz» es el mensaje de San Pablo. Participamos en la luz de Cristo. Si es así, no debemos seguir los caminos de las tinieblas, como antes, sino los caminos de la luz, dejando atrás el pecado, el mal y el materialismo. La Cuaresma es una invitación a luchar contra las formas de tinieblas que aún se aferran a nosotros, a fin de prepararnos para el don pascual de la luz.

EVANGELIO DE JESUCRISTO SEGÚN SAN JUAN

Jn. 9, 1-41: «Creo, Señor…»
R/. Gloria a Ti, Señor.

1 Vio, al pasar, a un hombre ciego de nacimiento. 2 Y le preguntaron sus discípulos: «Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?» 3 Respondió Jesús: «Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios. 4 «Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. 5 Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo». 6 Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego 7 y le dijo: «Vete, lávate en la piscina de Siloé» (que quiere decir Enviado). Él fue, se lavó y volvió ya viendo. 8 Los vecinos y los que solían verle antes, pues era mendigo, decían: «¿No es éste el que se sentaba para mendigar?» 9 Unos decían: «Es él». «No, decían otros, sino que es uno que se le parece.» Pero él decía: «Soy yo.» 10 Le dijeron entonces: «¿Cómo, pues, se te han abierto los ojos?» 11 Él respondió: «Ese hombre que se llama Jesús, hizo barro, me untó los ojos y me dijo: ‘Vete a Siloé y lávate.’ Yo fui, me lavé y vi.» 12 Ellos le dijeron: «¿Dónde está ése?» Él respondió: «No lo sé». 13 Lo llevan a los fariseos al que antes era ciego. 14 Era sábado el día en que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. 15 Los fariseos a su vez le preguntaron cómo había recobrado la vista. Él les dijo: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo.» 16 Algunos fariseos decían: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.» Otros decían: «Pero, ¿cómo puede un pecador realizar semejantes signos?» Y había disensión entre ellos. 17 Entonces le dicen otra vez al ciego: «¿Y tú qué dices de él, ya que te ha abierto los ojos?» Él respondió: «Que es un profeta». 18 No creyeron los judíos que aquel hombre hubiera sido ciego, hasta que llamaron a los padres del que había recobrado la vista 19 y les preguntaron: «¿Es éste su hijo, el que dicen que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?» 20 Sus padres respondieron: «Nosotros sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego. 21 Pero, cómo ve ahora, no lo sabemos; ni quién le ha abierto los ojos, eso nosotros no lo sabemos. Pregúntenle; edad tiene; puede hablar de sí mismo.» 22 Sus padres decían esto por miedo a los judíos, pues los judíos se habían puesto ya de acuerdo en que, si alguno le reconocía como Cristo, quedara excluido de la sinagoga. 23 Por eso dijeron sus padres: «Edad tiene; pregúntenselo a él». 24 Llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.» 25 Les respondió: «Si es un pecador, no lo sé. Sólo sé una cosa: que era ciego y ahora veo.» 26 Le dijeron entonces: «¿Qué hizo contigo? ¿Cómo te abrió los ojos?» 27 Él replicó: «Se lo he dicho ya, y no me han escuchado. ¿Por qué quieren oírlo otra vez? ¿Es qué quieren también ustedes hacerse discípulos suyos?» 28 Ellos le llenaron de injurias y le dijeron: «Tú eres discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés. 29 Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios; pero ése no sabemos de dónde es.» 30 El hombre les respondió: «Eso es lo extraño: que ustedes no sepan de dónde es y que me haya abierto a mí los ojos. 31 Sabemos que Dios no escucha a los pecadores; mas, si uno es religioso y cumple su voluntad, a ése le escucha. 32 Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. 33 Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada.» 34 Ellos le respondieron: «Has nacido todo entero en pecado ¿y nos das lecciones a nosotros?» Y lo echaron fuera. 35 Jesús se enteró de que le habían echado fuera y, encontrándose con él, le dijo: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?» 36 Él respondió: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» 37 Jesús le dijo: «Lo has visto; el que está hablando contigo, ése es». 38 Él entonces dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante él. 39 Y dijo Jesús:«Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos». 40 Algunos fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: «¿Es que también nosotros somos ciegos?» 41 Jesús les respondió: «Si fueran ciegos, no tendrían pecado; pero, como dicen: ‘Vemos’, su pecado permanece.»

Palabra del Señor R/. Gloria a Tu, Señor, Jesús.

Después de unas jornadas de controversias tensas y de solemnes declaraciones, el evangelista nos sirve un auténtico relato; uno de los mejores de su evangelio. También éste tiene mucho de diálogo, pero son frases lógicamente encadenadas en un proceso. El relato se podría transformar fácilmente en representación dramática, que se puede representar en un escenario. Mantiene en suspenso al auditorio… Es un texto largo y en él vale la pena centrar la atención en los diferentes «actos del drama», en los personajes, qué dicen, cómo reaccionan… Esos personajes son: Jesús, los discípulos, el ciego, los padres del ciego, los vecinos, los fariseos, los «judíos».

No es frecuente en los evangelios el estudio psicológico. Este relato es un estudio acertado de actitudes: ante todo el ciego, que parece gozar en su papel de protagonista (casi robándoselo a Jesús), los vecinos curiosos, los padres atemorizados, las autoridades reacias. Jesús guiando discretamente los hechos.

Este texto genera espacios para la reflexión. Históricamente fue interpretado como enseñanza bautismal, dada a los catecúmenos, que se preparaban para recibir el Bautismo en la Noche Pascual. Todo el evangelio de Juan puede considerarse como una gran catequesis sobre los sacramentos de bautismo y eucaristía.

En los tiempos del antiguo catecumenado hacía parte -junto con el texto el encuentro de Jesús con la Samaritana (Jn. 4, 1-41: Domingo 3º de Cuaresma, ciclo A) y el de la resurrección de Lázaro (Jn. 11, )- de los «escrutinios» cuaresmales. En los últimos domingos de la cuaresma se leían Jn 4. 9 y 11 y se hacía examen, sobre ellos, a los que iban a ser bautizados en la noche de la Pascua. Si recordamos que el bautismo se llamó en la antigüedad «iluminación» (υωτισmoς = «fotismos»: Hb 10, 32; 2Tm 1, 10), comprenderemos por qué esta escena ha sido tema favorito de la iconografía cristiana antigua. a) Contexto: Jn. 7 – 10 Desde el capítulo 7 comienza una nueva sección del evangelio de Juan con motivo de la fiesta de las Tiendas. Jesús sube de nuevo a Jerusalén y ofrece diversas enseñanzas, sobre todo relacionadas con el Cristo (7,1-53). Después viene el breve episodio del encuentro de Jesús con la mujer adúltera, de claro sabor sinóptico (8,1-11); una larga controversia con los fariseos a cuenta del testimonio que da Jesús de sí mismo (8,12-30) y otra más, áspera y amarga, con los «judíos que habían creído en él» (¡!) (8,31-59). Está en juego el reconocimiento de la identidad de Jesús.

Y, con el signo del ciego de nacimiento curado, dicha identidad se hace más diáfana. Es el largo y profundo evangelio de hoy (9,1-41). Después llegará el discurso del buen pastor (10,1-21) que pone fin a la sección. En Jn 8, 12 Jesús ha afirmado que es la LUZ. Esta afirmación se dramatiza en esta narración.

Jesús es la luz porque hace ver, da la luz; no una luz renovada sino absolutamente nueva: el ciego lo es «de nacimiento». El tema de la luz recorre toda la Biblia, desde Gn 1, 3 hasta Ap. 22, 5. Subrayemos algunos textos: Is. 9, 1; 42, 6; 60, 1-3; Sal. 36, 10; 104, 2; 119, 105; Mt. 4, 16; 5, 13; Lc. 2, 30-32; Jn. 1, 5. 9; 12, 46; Ef. 5, 8. 13-14; 1Jn. 1, 5; Ap. 21, 23. etc.

Este tema tiene sus resonancias: vida, fecundidad, purificación, alegría, rectitud moral, etc. b) Comentario: vv. 1-7: Primer momento vv. 1-2: Los discípulos no se han librado aún de esa creencia que liga mecánicamente la enfermedad con el pecado, propio o de los padres. O cometió un pecado antes de nacer o lo cometieron sus padres.

Piensan según Ex 20,5; 34,7, como los amigos de Job, sin tener en cuenta la corrección de Jr 31,29-30 y Ez 18. v. 3: Jesús ve en el ciego, no a un pecador castigado por Dios, como los discípulos, ni a un mendigo, como los vecinos, sino a una persona necesitada de salvación. Jesús centra su atención en las necesidades de las personas y las ve como oportunidad para que se manifieste la salvación de Dios.

Jesús se sabe enviado a salvar. E incluye a sus discípulos en la tarea de «curar cegueras» y hacer las obras del Padre. vv. 4-5: Estos versos, de ritmo casi poético, definen la clave simbólica del relato: dar la vista es iluminar, el ciego pasará de la noche al día. El día es el tiempo en que se puede trabajar; la noche será el poder de las tinieblas (cfr. 1 Tes 5,1-10). vv. 6-7: El tema es un simple milagro y sus consecuencias, con una llamativa desproporción material a favor de las consecuencias: en este largo relato, la descripción del hecho material sólo ocupa dos versículos (6 y 7), y el resto de relato (vv. 1-5.8-41) se dedican a la significación yb teología delñhecho.

Es la primera lección: que un milagro de Jesús provoca sacudidas en torno. Tras el enunciado del valor simbólico, el narrador se esfuerza en meternos por los ojos la materialidad del proceso. Tierra inerte y saliva vital, trabajo de las manos y aplicación a los ojos, lavatorio.

El que viene enviado del cielo opera en y con la tierra. El agua que lava e ilumina, el nombre «Enviado» de la piscina, dieron pie a la lectura bautismal del relato. En la curación hay dos elementos importantes: el barro que Jesús hace con su saliva y con tierra, y el agua de la piscina del Enviado.

Saliva: Según Tácito y Plinio (Hist. 4, 81) la saliva era usada como medicina para la ceguera, en la antigüedad. Aquí, es mejor entender que algo del mismo Jesús, de su cuerpo, va al ciego. Es lenguaje sacramental. El barro recuerda la creación de Adán (Gn. 2,7). allí (Gn. 2,7) como aquí (Jn.9,6) aparece el término griego «pelos» (πηλός). Cuando Jesús cura al ciego, re-crea su vida. Y luego lo envía a lavarse en «el Enviado», es decir, a sumergirse en Jesús, que es el enviado del Padre.

A partir de esta alusión, nos remite a la segunda creación, es decir, nuerva creación a partir de Cristo: hace vivir para una vida eterna. Allá Dios, Creador; acá Jesús, el enviado. El relato del ciego puede entenderse como una catequesis bautismal. En el bautismo recibimos la Luz y la nueva Vida de hijos de Dios. Siloé: del hebreo shalah: enviar. Túnel construido en 740 a C. para entrar agua a Jerusalén, previendo tiempos de asedio (cfr. 2Re. 20, 20; 2Cr. 32, 20; Is. 8, 6; Sir. 48, 17). Nos hace pensar en que el agua bautismal da vida a la nueva criatura (2Co. 5, 17). Jesús, el enviado, hace la nueva creación. vv. 8-12: Segundo momento A partir de este momento, después de ser curado, debe enfrentar las opiniones e interpretaciones de la gente, y comienza el descubrimiento lento, ascendente del misterio de Jesucristo: «ese hombre» (v. 11), «un profeta» (v. 17), «viene de Dios» (v. 33), «EL Señor» (v. 38). Significado de los nombres: Jesus, el nombre con que era conocido en su entorno social; Cristo, el Ungido, el Mesías, unido en especial a su Bautismo; Señor, el que le viene en su glorificación, nombre divino (1Co. 12, 3; Ro. 10, 9; Flp. 2, 11). Los vecinos, como los discípulos, tampoco saben ver como ve Jesús.

También están «ciegos». El ciego, que era un simple mendigo insignificante, en quien nadie reparaba, se convierte, después de la acción de Jesús sobre él, en protagonista, que acapara la atención de la gente, y hasta se convierte en tema de discución: unos dicen que «es él» y otros que sólo «se le parece» (vv. 8-9).

Sólo el mismo ciego puede aclarar su identdad: «Soy yo» (v. 9). La división de opiniones subraya lo desusado o increíble del suceso El interrogatorio de los vecinos hace que el ciego nos diga lo que, al comienzo, piensa sobre Jesús: es un simple hombre. (v.11) No sabe dónde vive. Es que la fe es un proceso.

Nadie comienza teniendo una fe plena. La fe la va dando Dios poco a poco. El conjunto: es una enseñanza sobre el Bautismo, sacramento de la fe: el paso de las tinieblas a la luz por la acción de Cristo (cfr. Col 1, 13). El bautizado entra en un «drama» que va a durar toda la vida: una vez sanado,comienza a caminar en soledad, cuestionado, interrogado (cfr. vvf.8.15.17.24.29), avanzando lentamente hacia la plena luz, hasta el acto culminante de la fe, al final(cfr. v. 38). En el relato asistimos a dos procesos encontrados: -> La progresiva iluminación del ciego, cada vez más penetrante en su visión sobrenatural. El progreso se advierte en lo que va diciendo de Jesús: un hombre (11), un profeta (17), procede de Dios (33), Señor (38). ->

La progresiva ceguera de las autoridades, que se empeñan en no comprender y querrían no ver. Al principio están divididos (v. 16), después aseguran dos veces «nos consta» (vv. 24b.29), después recurren al insulto y la expulsión (vv. 28-34). Ese doble proceso con sus consecuencias suena como registro de la polémica entre el judaismo y el cristianismo, tras la ruptura definitiva, en la época en que se escribe el evangelio. vv. 13-17: Tercer momento Entran en escena los fariseos. Su gran preocupación no es la salvación de las personas, sino la observancia de la ley. Son incapaces de alegrarse de que alguien que estaba enfermo desde su nacimiento ahora pueda tener una vida diferente.

Ahora el ciego confiesa a Jesús como profeta (v. 17). Esa confesión ya la había hecho la samaritana (Jn. 4,19). vv. 18-23: Cuarto momento Los padres del ciego tienen miedo de confesar a Jesús como Mesías. No son los únicos que temen decidirse abiertamente por Jesús; también José de Arimatea (Jn. 19,38), y antes, Nicodemo (Jn. 3, 2). En el trasfondo de esto se encuentra la situación de expulsión de la sinagoga que sufrieron los judeocristianos del s. I, lo cual justifica el «miedo a los judíos».

Perto lo que sobresale en la respuesta de los padres del ciego es que ellos dan cuenta de las dos primeras cuestiones del interrogatorio: sobre la identidad del ciego y su situación inicial de ceguera de nacimiento («Nosotros sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego»: v. 20). Pero ellos no responden por su situación actual: «Pero, cómo ve ahora, no lo sabemos… Pregúntenle a él; edad tiene: v. 21. Esto destaca la necesidad de dar una respuesta personal, adulta, de nuestra fe.

Nadie responde en lugar nuestro cuando somos requeridos sobre nuestra fe. vv. 24-34: Quinto momento Se destaca el diálogo del ciego con las autoridades: su aplomo e ironía, su tono socarrón y la lógica que desarma a los contrarios. vv. 24-25: La fórmula «da gloria a Dios» es como tomar juramento (cfr. Jos. 7,19). El predicado «pecador» es grave, se da a quienes ejercen determinadas profesiones (como recaudador) o quebrantan habitualmente la ley. Según las categorías de los judíos, Jesús entra sin duda en la clasificación (v. 24).

En las categorías del ciego es un benefactor prodigioso (v. 25). vv. 26-29 La pregunta que les hace el ciego es burlona, para ellos insultante; por eso responden con insultos. Contraponen Moisés (Dt 34,10) a Jesús. ¿Hasta que punto tienen razón? (cfr. 5,45 y 1,18), como si dijéramos, se escudan en Moisés para resistir a Jesús. Y los que están tan seguros, «nos consta», se apoyan en la ignorancia, «no sabemos» (v. 29). Y no saben porque no quieren vv. 30-33 No hay antecedentes de un milagro semejante en el AT: «Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento» (v. 32).

No se considera milagrosa la curación de Tobit, aunque suponga un conocimiento sobrehumano de virtudes terapéuticas (Tb. 11,12-13). Lo único que tenemos es la profecía de Is. 35,5 y 42,7, el salmo 146,8, y el uso metafórico de la «ceguera» espiritual (Is. 42,18-19; 43,8; 56,10). En los sinópticos se leen curaciones de ciegos. Dios no escucha a los pecadores (Sal 66,18-19).

El ciego sabe cómo averiguar de donde viene Jesús su acción milagrosa apunta sin ambigüedad a Dios v. 34 A falta de razones, los fariseos lo descalifican radicalmente: no tanto como ciego de nacimiento cuanto «pecador» de nacimiento:«Has nacido todo entero en pecdo» (cfr. Sal 51(50),5). Los fariseos se obstinan en su falsa idea de Dios y en su arrogancia religiosa («nosotros sabemos», «nosotros somos discípulos de Abrahán»; cf. Jn 8,39). El ciego, en cambio, no habla de teorías ni de teologías; habla desde la vida: sólo sabe que antes era ciego y ahora ve.

Y eso tan bueno es imposible que lo haya hecho un pecador. Así que confiesa indirectamente: Jesús es (viene) de Dios (v. 33). Esta nueva discusión del ciego con los fariseos termina con su expulsión de la sinagoga, una institución religiosa que se revela en Juan como caduca, vacía e incapaz de dar vida. vv. 35-38: Sexto momento La fe bautismal llama a arriesgarlo todo por Jesús. Jesús arranca de su mundo al discípulo y lo pasa a su mundo nuevo.

El ciego pierde su familia (sus padres no responden por él), pierde su pueblo (es expulsado de la sinagoga: v. 34), pero no se aparta de Jesús. Aun más, ese rompimiento es el momento del verdadero encuentro con Jesús (v. 35) que lo lleva a la máxima confesión de fe: «Creo, Señor». El ciego se encuentra cara a cara con Jesús, lo confiesa abiertamente («Creo, Señor») y lo adora.

El ultimo paso, consecuencia de los anteriores, es la plena iluminación espiritual (cfr. Jn 4,26), o sea la fe como reconocimiento y adhesión a la persona, al individuo concreto que ha hecho el milagro, a lo que significa su personalidad. Con enorme densidad se concentra en dos verbos «lo has visto – creo» (v. 37). Y el narrador pone en boca del ciego la confesión cristiana de Jesús como Señor (Kyrios) Hemos podido contemplar la evolución del ciego hacia la fe, hasta llegar a la confesión plena de Jesús, expresada en siete títulos: el hombre (v. 11); Jesús (v. 11); profeta (v. 17); Cristo (v. 22); Hijo del hombre (v. 35); Revelador (“el que habla contigo”, v. 37); y Señor (v. 38). vv. 39-41: Séptimo momento Estos versos rematan el proceso contrario: la ceguera contumaz de las autoridades.

Toda la actuación de Jesús es un gran proceso porque obliga a tomar partido. Lo formula en un juego de paradojas. Viene a dar la vista a los que no ven y quieren ver hasta el fondo. Y, por otra parte, a dejar ciegos a los que viendo no quieren ver. El juicio de Jesús pone de manifiesto que la verdadera ceguera es la de aquéllos que creen ver pero rechazan la luz.

Su juicio está «en que vino la luz al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz» (Jn. 3,19). La obstinación en su incredulidad es su ceguera y su pecado

3. MEDITACIÓN: ¿QUÉ NOS DICE el texto?

Catequesis bautismal Estamos ante una teología del bautismo, sacramento inicial. Obra de Jesús en el fiel. Lo conduce de la incredulidad (la tiniebla) a la fe (la luz). Le participa de su ser.

Lo hace hijo de Dios, templo del Espíritu. Establece con él un pacto de alianza, con deberes y obligaciones mutuas. Acción de Jesús que acompaña al bautizado toda la vida. A partir de él Jesús, el Señor, está presente en la experiencia del cristiano, como testigo, que debe aceptar el reto de la confrontación con el mundo. Se pertenece a Jesús y se desarraiga del mundo anterior y contrario a Jesús (expulsar de la sinagoga).

Conduce finalmente al reconocimiento y aceptación de Jesús como Señor, en un acto de fe simple pero comprometido. Se dan los pasos tradicionales de la metodología pastoral: Ver, juzgar, actuar. Observar que esos pasos da Jesús: Ve al ciego (es Jesús el que repara en el ciego). Juzga: para que se manifiesten las obras de Dios en él… Y actúa: lo hace vidente y creyente.

El drama de la fe – testimonio El bautizado lanzado al mundo: no puede esconderse, pasar inadvertido. Debe mostrar al mundo la gracia recibida. Se hace testigo de alguien y de algo. Sacado de su oscuridad, de su insignificancia, a la luz pública.

El mundo lo interroga: qué te pasó… quién te curó… qué te hizo… dónde está… quién es… qué piensas de él… el «mundo» tiene derecho a interrogar al bautizado y éste está obligado a confesar su fe hasta llegar al punto final: el SEÑOR.

Somos protagonistas del drama de la fe ante la incredulidad del mundo. ¿Qué es evangelizar? Transformar al hombre y su mundo… Aquí Jesús evangeliza y nos enseña a hacerlo. De un no vidente hace un vidente; de un no creyente hace un testigo de la fe. Nos envía a hacer lo mismo frente a un mundo ciego y no creyente, después de haber vivido la misma experiencia: paso de la no-fe a la fe. La soledad-oscuridad de la fe: Jesús lo deja aparentemente solo en ese conflicto.

De seguro el ciego quería encontrar a Jesús. Decir ante los que lo interrogaban: fue él. Pero se debate en soledad ante los contradictores de Jesús. ¿Qué se hizo el que hizo barro, me lo untó, me mandó a lavarme? Y ahora, cuando veo el mundo, a él no lo veo: así nos envía Jesús al mundo una vez bautizados.

4. ORACIÓN: ¿QUÉ LE DECIMOS NOSOTROS a DIOS?

Padre, al principio creaste la luz y reconociste que la luz es buena. Con tu luz revelas, iluminas y salvas, porque habitas en una luz inaccesible. «Tu luz nos hace ver la luz». En la Eucaristía, al hacer memoria de la muerte de tu Hijo, en las tinieblas de una tarde, y de la su resurrección en la aurora de un nuevo día, te ofrecemos nuestra plegaria para que caminemos en la luz, en comunión unos con otros, ya que su sangre nos purifica de toca ceguera y de toda injusticia.

Queremos alejarnos de lo propio de la noche: el sueño y la embriaguez, para acercarnos a lo que exige el día: la sobriedad y la vigilancia. Ya no habrá noche porque Tú nos alumbrarás con tu luz eterna. Amén.

5. CONTEMPLACIÓN – ACCIÓN: ¿A QUÉ NOS COMPROMETE la PALABRA?

Hemos de apropiarnos el texto. Somos protagonistas hoy de lo acontecido: somos bautizados. Enviados al mundo, nuestro mundo cualquiera sea, para ser allí testigos del Señor. ¿Hemos vivido el drama de la fe? ¿Qué tan testigos somos del Señor? ¿Nuestra fe ha crecido? En silencio interior, profundo, dejémonos tocar por la gracia bautismal: el Padre Dios que nos ha hecho hijos suyos, el Señor Jesús que nos ha incorporado a su misterio y nos ha revestido de sí mismo, el Espíritu que nos hace templos de su habitación.

Disfrutar con alegría esta gracia… ¿En qué me comprometo hoy, como bautizado y testigo del Señor en el mundo? Debo tomar una decisión personal, en secreto o comunicada, para decidirme a caminar en la luz.

Algunas preguntas para meditar durante la semana

1. ¿Te sientes, como el ciego, necesitado de luz y de salvación? ¿Cuándo? ¿En qué circunstancias?

2. ¿Compartes, de algún modo, la ceguera de los discípulos (llenos de prejuicios religiosos), de los vecinos (superficiales en su modo de mirar), de los padres (miedosos para confesar a Jesús), de los fariseos (duros de corazón e incapaces de sentir misericordia)?

3. ¿Cómo es tu mirada sobre los que te rodean y sobre el mundo? ¿Positiva, esperanzada, solidaria, compasiva…?

4. ¿Cómo es tu fe? ¿Sientes que va creciendo? ¿Sientes que tu relación con Jesús es cada vez más íntima? Si se presenta la ocasión, ¿confiesas abiertamente tu fe?

5. ¿Hemos vivido el drama de la fe?

6. ¿Qué significa el nombre de Señor que damos a Jesucristo tantas veces en la vida?

7. ¿Qué sentimientos de adoración, alabanza, arrepentimiento, entrega, suscita en mi corazón este texto? ¿Cómo los expreso?

8.¿Sé quién me bautizó… dónde… cuándo… mis padrinos…guardo el documento, partida, que hace fe en mi vida de este hecho?.

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