Papa Francisco exalta la figura de San Juan Eudes en los 350 años del Seminario de Rennes

«Queridos amigos, estén seguros de que yo los llevo en mi corazón de pastor universal; a ustedes, así como a sus formadores y a todos los jóvenes que buscan su vocación; y que yo los presento a Dios a fin que Él cumpla en ustedes y por su Iglesia lo que Él ha comenzado en ustedes » Papa Francisco

Comunidad del Seminario San Ivo RENNES

Con Uds., con el Santo Pueblo de Dios presente en sus regiones y con sus pastores, doy gracias a Dios por los 350 años de fundación del Seminario de Rennes por san Juan Eudes, sacerdote tomado por el Amor del Corazón de Cristo e incansable misionero en las periferias de su época. Él hace parte de estos santos, suscitados por el Espíritu de Dios que vieron la miseria espiritual de las ciudades, de los pueblos y del clero, y que han querido formar sacerdotes, a imagen de los Corazones de Jesús y de María, para que sean misioneros y santos.

En la gracia de este jubileo que celebrarán, permítanme compartir con Uds. tres aspectos que podrían retomar después con sus formadores.

El primero: ser consumidos ante todo por un amor ardiente por Jesús. La Palabra de Dios que escrutaremos con atención y amor nos muestra el ejemplo de Pedro, a quien Jesús resucitado interroga tres veces: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas verdaderamente más que a éstos? El responde: Sí, Señor. Tu lo sabes: yo te amo. Jesús le dice: “Apacienta mis corderos” (Jn 21, 15). Jesús funda la misión del apóstol y su caridad pastoral hacia las ovejas sobre un amor personal y preferencial por Él. El Pueblo de Dios, con su olfato espiritual, percibe rápidamente si su pastor ama verdaderamente a Jesús y, en cierto sentido, es lo primero que espera de él. San Juan Eudes dio mucho valor al hecho de que este amor ardiente por Jesús nos hace entrar en sus sentimientos, en su misión salvífica y estimula nuestro deseo de asemejarnos a Él en los diversos misterios de su vida de los cuales participamos especialmente en la santa Eucaristía (Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 521). La experiencia muestra cada vez más que, sin un amor ardiente por Dios, y, en Él, por el Pueblo que nos es confiado, nuestra afectividad encontrará otras fuentes y pondrá en riesgo el don precioso del celibato por el Reino.

Esto me conduce al segundo aspecto sobre el cual quisiera insistir: jamás perder de vista que Cristo eligió misericordiosamente como apóstoles a hombres pobres, limitados y pecadores. Volvamos sobre la figura de Pedro: él es generoso y ardiente, pero, a veces, dejándose orientar por pensamientos mundanos, él cree saber mejor que su Maestro “lo que no te sucederá”, ”, le dice a Jesús que acaba de anunciar su pasión, muerte y resurrección (cf. Mt 16, 21-23). Después, él lo negará (cf. Mt 26,75). Esta debilidad lo acompañará a lo largo de todo su ministerio, incluso después de la recepción del don sobreabundante del Espíritu Santo en Pentecostés. Recordemos el episodio en el cual Pablo lo recrimina abiertamente por no tomar las comidas con los cristianos de origen pagano, por miedo ante los otros (cf. Gál 2, 11-14). Esta es una tentación siempre actual. En nuestra época de sobreexposición mediática, es indispensable aprender a vivir, a reflexionar y a actuar bajo la mirada de Dios, formando cuidadosamente la propia conciencia, a fin de tomar decisiones justas, con un juicio recto y con una percepción objetiva de las personas y de los acontecimientos. Mis amigos, que estos años de formación les permita también abordar la cuestión de su propia humanidad, con sus riquezas y sus dones, pero también con sus defectos, sus límites y sus heridas heredadas de su pasado relacional. ¡No tengan miedo! Conociéndose mejor a sí mismos, podrán pedir a Dios y poner en práctica las virtudes que les serán más necesarias. La gracia del Espíritu, la Palabra de Dios, la vida comunitaria, sus formadores y otros expertos los ayudarán en el conocimiento de sí mismos y en este crecimiento humano integral y permanente, si su corazón está abierto a la verdad y a la búsqueda sin cesar.

Finalmente, el tercer aspecto que deseo subrayar es la prioridad dada a la oración y al anuncio de la Palabra. Recuerden la declaración de los Apóstoles para motivar la institución de los Siete al servicio de las mesas: “En lo que a nosotros concierne, permaneceremos asiduos a la oración y al servicio de la Palabra” (Hch 6,4). El tiempo del seminario es una escuela de lectio y de oración, a fin de alcanzar una contemplación constante que desbordará en nuestro ministerio y en toda nuestra vida sacerdotal. Son llamados a ser configurados con Cristo Sacerdote, Servidor, Pastor y Esposo. Como está escrito en la Ratio fundamentalis, “esta configuración exige entrar con profundidad en la contemplación de la Persona de Jesucristo, Hijo predilecto del Padre, enviado como Pastor del Pueblo de Dios. La práctica de la contemplación hace que la relación con Cristo sea más íntima y personal y, al mismo tiempo, favorece el conocimiento y la aceptación de la identidad presbiteral” (n. 68). El tiempo de la formación inicial los prepara para ser discípulos -misioneros en todas las circunstancias y les permite desde ya vivir juntos momentos fuertes de misión. Que san Juan Eudes, quien recorrió el oeste de Francia para abrir los corazones a la alegría del Evangelio, les comunique su celo.

Queridos amigos, estén seguros de que yo los llevo en mi corazón de pastor universal; a ustedes, así como a sus formadores y a todos los jóvenes que buscan su vocación; y que yo los presento a Dios de manera que Él cumpla en ustedes y por su Iglesia lo que Él ha comenzado en ustedes. No olviden nunca de orar por mí. Reciban todos la bendición apostólica que extiendo a sus familiares y a sus diócesis, sin olvidar los pobres que tienen el primer lugar en el corazón de Dios.

Vaticano, 6 de marzo de 2020

Un comentario sobre «Papa Francisco exalta la figura de San Juan Eudes en los 350 años del Seminario de Rennes»

  1. Llama mucho la atención cómo el Papa manifiesta su solidaridad y acompañamiento al pueblo santo a él encomendado, ejerciendo a cabalidad su ministerio petrino en favor de las comunidades religiosas y del pueblo fiel y, sobre todo, de aquellos (jóvenes) que se preparan en los seminarios para el servicio sacerdotal, con particular mención del Seminario de Rennes en la celebración del 350° aniversario de ser fundado por San Juan Eudes. Oremos por el Papa Francisco, por su ministerio apostólico como Pastor universal y también por la Congregación de Jesús y María y por los formadores en los distintos seminarios que están bajo la responsabilidad de los Eudistas, primordialmente por los del Seminario de Rennes y de Valmaría y las distintas Casas de Misión. Que San Juan Eudes interceda por todos nosotros y porque ayude en el aumento de las vocaciones eudistas

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