PRIMER RETIRO PROVINCIAL 2019 DIA 2

Segundo día: 18 de octubre

Jornada de la mañana.

Iniciamos el día con la primera meditación, introducida en la noche anterior, sobre la primera semana de los Ejercicios Espirituales (EE) de Ignacio bajo la orientación del P. Germán Arana, sj.

La llamada 1ª semana de los EE tiene un carácter penitencial. Ignacio nos lleva a una contemplación histórica del pecado, es decir, a contemplar el pecado como una realidad que nos toca, que podemos palpar. No se trata de una consideración genérica o de manual de teología, sino el pecado como algo muy real que afecta a la comunidad humana y que rompe el plan de Dios en la historia humana. Debemos reconocer que nadie está fuera de esta realidad.
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Para profundizar en esta experiencia penitencial, se nos propuso meditar a partir de tres textos de la Palabra:
a) Génesis 3: por el pecado el hombre rompe consigo mismo, con los demás y con Dios.
b) Isaías 3-5: el pecado tiene efectos de enorme difusión: afecta toda realidad, trastorna todas las relaciones, todos hemos sigo contagiados y todos contagiamos.
c) 2 Samuel 12, 1-15: el pecado de David. Resuena hondamente la denuncia del profeta y la toma de conciencia que provoca en el rey: Ese hombre eres tú (1 Sa, 12, 7).

A veces miramos a los demás por encima del hombre, pero la lujuria nos toca a todos, el apego al dinero nos toca a todos, la desobediencia nos toca a todos… todos estamos en la barca de los pecadores, sujetos de la redención de Cristo y debemos ponernos en humildad ante el Señor para ser convertidos a Él.

En la primera semana de los EE la experiencia penitencial tiene 2 niveles importantes: el primero es pedir la gracia de la vergüenza y el segundo, pedir el dolor de los pecados.

La gracia de la vergüenza es la gracia de romper esa especie de encapsulamiento que vivimos con respecto a la salvaguarda de nuestra propia imagen moral. Queremos vender la imagen de lo que no somos, entonces se trata de romper ese círculo de auto-justificación que nos coloca en nuestro justo lugar. Y por eso es una gracia enormemente importante. Nos hace más humildes, nos hace reconocer lo que somos, y con ese bochorno nos lleva a enfrentarnos a la misericordia del Señor.

En la Escritura encontramos unos ejemplos del dolor de los pecados que son preciosos. Como el de aquella mujer que se adelanta en el banquete y que riega con sus lágrimas los pies del Señor y luego lo seca con sus cabellos. Simón se escandaliza. Pero el Señor le dice: esto no lo puedes entender porque a esta mujer se ha perdonado mucho. Y ella como respuesta a ese perdón, ama mucho; pero tú, como se te ha perdonado poco, no entiendes… Este dolor de los pecados, contrario al complejo de culpa, tiene fuerza sanadora, nos empuja a buscar la misericordia de Dios para recibir su abrazo de paz y de perdón. A esta gracia Ignacio la llama consolación porque, a pesar de estar frente al pecado y su poder destructor, corremos hacia la misericordia, experimentamos la redención, comenzamos una nueva vida en Cristo.

Jornada de la tarde.


* En esta jornada, pasamos al segundo ejercicio de penitencia que propone Ignacio en los EE dentro de la 1ª semana. Este ejercicio, llamado meditación de los propios pecados, supone un paso más en la experiencia de pecado. Ahora se nos propone un nivel de mayor de interiorización porque ya no se trata solo de ver el pecado que afecta a toda la humanidad en el cual estoy yo también implicado, sino que soy invitado a contemplar mis propios pecados. Se trata de obrar con pleno realismo ante la presencia del pecado en mi propia historia. Soy invitado a poner nombre y apellido, con mucha responsabilidad, a aquello que me aleja del evangelio del Señor.

En el Evangelio nos podríamos aplicar las invectivas de Jesús contra las autoridades de su tiempo. Jesús recoge la tradición profética contra los falsos pastores (ecos de Ezequiel 34). Esta es una fuente de peligro para nosotros, es decir, hemos recibido unos dones del Señor, unas ventajas, unos títulos, una formación, unas posibilidades que no tienen sentido en sí mismas, sino exclusivamente para el servicio- en el caso nuestro, para el servicio presbiteral, es decir, para ser testigos del evangelio en nuestras comunidades. Y quizá una de las fuentes de nuestro pecado -como leíamos en Gregorio Magno hoy en Oficio de lecturas- consiste en que ha habido una subversión de valores: hemos recibido una encomienda y la hemos ignorado, despreciado, es decir, hemos utilizado lo que del Señor nos ha ofrecido para el servicio del pueblo de Dios y comunicación del evangelio para privilegio nuestro, para nuestro uso y disfrute. Ahí entran elementos de lo que el Señor va a reclamar a las autoridades de su tiempo desde una perspectiva más evangélica.

En varias ocasiones hemos hecho eco en varias ocasiones a esta dura denuncia de San Gregorio Magno, leída en el Oficio de Lecturas de hoy: “Mirad cómo el mundo está lleno de sacerdotes, y, sin embargo, es muy difícil encontrar un trabajador para la mies del Señor; porque hemos recibido el ministerio sacerdotal, pero no cumplimos con los deberes del ministerio”.

Ante la realidad del pecado, está la misericordia de Dios. La única opción no es la culpa dañina que nos destruye, sino la contemplación de la cruz de Cristo que nos redime. De hecho, el misterio del pecado y de la misericordia se revelan en la cruz. No podemos minimizar la realidad que ha destruido al Hijo, al Verbo. El pecado es una cosa muy seria porque es lo que ha destruido la carne del verbo encarnado y lo ha deshecho: por tanto, es una realidad fuerte. Es el único drama de la historia presente, la única cosa que debería hacernos llorar. Somos prontos a la lágrima por cualquier nadería… cuando por lo único que debemos llorar es por nuestra rebeldía. Y la cruz es también la revelación de la misericordia divina (Jn 3,16). No hay mayor amor (Jn 15)… valemos el precio de la cruz. La contemplación de la cruz produce una confianza extraordinaria porque su fuerza llega a toda realidad humana por rota que esté, con una capacidad interna de rehacer nuestra vida y de redimirla…

La orientación de la oración para la noche.

– La llamada 1ª semana en los EE es muy densa y nos hace un bien extraordinario porque echa una base muy firme a la vida cristiana en general, a la vida espiritual – la construye sobre la verdad de nuestro pecado y la maravilla de la redención.

– Como conclusión de esta 1ª semana, el predicador nos pide rezar el salmo 32 (31)- desgranándolo despacito delante del Señor. Es el salmo penitencial más hermoso de la Escritura. Hay un pasaje extraordinario de este salmo: un corazón humillado tú no lo desprecias. Podemos pensar: “Quizá no soy un místico, soy un pobre desgraciado, con una oración pobre y miserable, pero esta oración funciona”. Esta oración del que pide misericordia funciona. Y por eso a ella me agarro con toda mi fuerza: Un corazón humillado tú no lo desprecias.

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