PRIMER RETIRO PROVINCIAL 2019 – DIA 4

Dia 4 – 20 de octubre de 2019

Este 20 de octubre hemos llegado a la mitad del retiro. El tiempo pasa a prisa porque la profundidad de la experiencia aliviana los momentos y les da peso, densidad, profundidad interiores.

Agradecemos al Señor el don de estos Ejercicios Espirituales vividos en el silencio, en la escucha de la Palabra, en la contemplación de los misterios del Señor (en la escuela de Ignacio de Loyola), en la eucaristía vivida en intimidad y comunidad, en el redescubrimiento del don de la Liturgia, en la oración recíproca, fraterna, expresivamente común.

Comenzamos el día con la meditación, en silencio, de Lc 6, 18-23: cuando Juan envió dos de sus discípulos a preguntar a Jesús: ¿Eres tú o debemos esperar a otro? (6,19). Esta escena continúa la que meditamos ayer en la noche, al concluir el día: la resurrección del hijo de la viuda de Naín (6,11-17).

  1. a) Jornada de la mañana.

El predicador nos orientó para la oración: dado que se trata de Ejercicios breves es necesario escoger qué misterios del Señor proponer a la contemplación del grupo ejercitante. Se nos propuso uno de significado particular: La tempestad calmada (Mc 4, 35-41 // Mt 8, 23-27 // Lc 8, 23-25). Seguimos las indicaciones de Ignacio en los EE 161 y 279.

La petición en esta oración es esta: Conocimiento interno de Jesús, que, por mí, se muestra Señor de los elementos y los corazones, para más amarle y seguirle.

1er punto: Mientras Jesús duerme, sobreviene la tempestad y a los discípulos les invade el pavor. Cuántas veces no le hemos increpado por figurarnos que se desentiende de nuestras adversidades. ¿Por qué nos cuesta confesar que muchas de nuestras dificultades son expresión de nuestra falta de fe?

2º punto: Jesús, Señor del mar y de los corazones.

Su voz imperiosa tiene el mismo poder de Yavé liberador sobre el mar: Cfr. Sal 74, 12-14; Is 51,9; Ex 15,8; Is 63, 12-13.   Pero el Señor les reprocha su falta de fe: su incredulidad es la fuente de su angustia.  No nos hemos atrevido a confesar que muchas de nuestras crisis son una falta de fe en el Señor, hemos creído que el Señor desparecía de nuestras vidas. No hay razón para temer. El Señor jamás se desentiende de la suerte de su Iglesia y de sus discípulos: Su presencia poderosa librará permanentemente a su Iglesia de la tribulación y del desamparo.

3er punto: Sobrecogimiento de los discípulos ante el misterio de Jesús-Señor.

Experiencia sobrecogedora ante el misterio de Jesús-Señor.

Cae tú también en adoración y confía plenamente en Aquel al que hasta el viento y el mar obedecen.

Al medio día, el predicador nos invitó considerar la reglas para sentir y conocer varias mociones (EE 313-327). Estas reglas son orientaciones generales para sentir y conocer las mociones que el Señor suscita en la oración de discernimiento. Este conocimiento toca no sólo el intelecto sino también la afectividad. Supone una capacidad de lectura de los sentimientos internos de la persona que ora: ¿qué estoy sintiendo? ¿qué me pasa por dentro? Y ¿cuál es el significado de todo eso? ¿qué me pasa por dentro y qué siento?  ¿Qué me quiere comunicar el Sr? De hecho, cuando una vida se armoniza con la vida de Cristo, eso tiene un reflejo no sólo noético, sino también afectivo. Nos toca por dentro, nos envuelve en la totalidad del ser.

Las mociones -en lenguaje ignaciano- son movimientos interiores, es decir, sentimientos y deseos, que nos impulsan a determinada dirección. El discernimiento de tales mociones sólo puede realizarse desde una situación comprometida, no desde una curiosidad aséptica. El discernimiento brota de un deseo de hacer la voluntad de Dios, de encontrarme con Él y, por tanto, en una situación comprometida en la cual yo asumo lo que me ayuda a crecer y dejo de lado, lo que no. Y esta actitud comprometida y asumida en la libertad es sustancial para la operación misma del discernimiento.

Ignacio hace una reducción muy arriesgada de todas las situaciones internas del sujeto que son, en realidad, sumamente variadas. El horizonte afectivo del corazón humano es un piélago, es decir, cada uno tiene sus características y los sentimientos son variados. ¿Cómo Ignacio lee esta variedad inmensa de sentimientos que tiene raíz en el corazón humano? Ignacio, a unos los llama consolación, a los otros, desolación.

La consolación es el faro del discernimiento. Es una experiencia ciertamente gratificante porque es luminosa, estimulante, serena – tal como la describe Ignacio. Pero el elemento determinante para calificarla de consolación no está tanto en ese aspecto afectivamente gratificante para mí. El elemento determinante de la consolación es la orientación del gusto, del gozo y del querer humano al Señor y a sus cosas, al Señor y a su evangelio, experimentado con una gran coherencia interior que uno la siente como una alegría muy superior a otras que encuentra en la vida.

  1. b) Jornada de la tarde

Como en la primera semana de los EE se proponen algunos misterios de la vida pública del Señor, el predicar en la tarde del domingo nos propuso la meditación de la escena de la transfiguración de Jesús en la versión de Lc. 9, 28-36.

El texto inicia con la invitación de Jesús a tres de sus discípulos a orar. Al contemplar este misterio, queremos que el Señor nos permita entrar en la intimidad de esta oración con su discípulos y nos permita también entrar en esta escena profundamente consolatoria para que podamos entender lo que significa  el camino de cruz en el cual la gloria del Señor se manifestará plenamente.

Al proponernos esta escena para contemplar, el predicador quiso que, desde este momento nos sintiéramos invitados a contemplar los misterios de la Pasión del Señor. Es un hecho particular dado que cuando se hacen los EE breves (de 8 días, por ejemplo) no es frecuente dedicarles más de un día. En nuestro caso, sí lo haremos porque es importante que en estos EE podamos, con fuerza, recentrar nuestra vida en el misterio de la Cruz del Señor.

Y a este propósito, el misterio de la transfiguración del Señor nos lleva a vivir de una manera muy profunda esto que el Señor les reveló a sus discípulos-previamente al drama que iba a suceder-, su verdadera identidad, su humanidad traspasada por la gloria de Dios, de modo que pudieran entender que el suyo era un camino de luz y no de oscuridad, de vida y no de muerte, de victoria pascual definitiva.

  1. c) Meditación de la noche: Lc 22, 7-18: La Santa Cena: sus preparativos.

Petición propia: Conocimiento interno de Cristo que ardientemente ha querido darme un lugar en su banquete de amor, y me ha llamado a presidirlo en su Nombre, recogiendo en las brechas de la indigencia los invitados gratuitamente a la fiesta sin ocaso.

Cuando se sientan a la cena, Jesús les abre el corazón con una declaración muy fuerte: con un gran deseo he deseado celebrar esta Pascua con ustedes (Lc 8,15). ¿Cuándo comenzó la preparación de esta cena que el Señor ha deseado tan ardientemente? ¿Solo al final de su vida? En realidad, da la impresión de que el Señor ha preparado esta cena desde el inicio de su ministerio, desde la recogida de los apóstoles. Podemos incluso retrotraernos todavía más: este banquete lo ha preparado Dios en el Hijo desde el origen del tiempo, porque es el banquete definitivo de la vida, porque es el banquete del amor, el banquete donde somos constituidos hermanos aprendiendo a amar como el Señor nos ama, dándolo absolutamente todo.

Con cuando deseo he deseado comer esta cena con ustedesCon lenguaje paulino e ignaciano podríamos añadir: conmigo. Dios ha deseado que yo tenga un lugar en este banquete, en esta fiesta, ha querido que yo forme parte de esta fiesta donde su amor nos lo va a dar todo y nos dejará una señal profunda de una fraternidad sin límite.

Con esta meditación de la noche introducimos los días siguientes que estarán centrados en la meditación de los misterios de la pasión y de la última cena del Señor, el gran banquete de la eucaristía.

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