PRIMER RETIRO PROVINCIAL 2019 – DIA 5

Dia 5 – 21 de octubre 

Todo este día fue dedicado a la contemplación de la Santa Cena del Señor en el marco mayor de la contemplación de los misterios de la Pasión del Señor.

Por eso, siguiendo la propuesta del predicador, la escena presentada ayer en la noche, se contempla en la oración de la mañana del día siguiente. Así que este día, la oración personal se apoyo en el subsidio que ofreció el predicador: La Santa Cena I: Preparativos y la primera copa (Lc 22, 7-18)

Tres mociones importantes para tener en cuenta:

  1. a) Este banquete eucarístico, esta cena pascual, concentra toda la misión de Jesús y condensa el don de la salvación en la persona del Hijo. Por eso, los preparativos son precisos y están orientados por órdenes perentorias de Jesús a sus discípulos.
  2. b) Este banquete es el testamento definitivo, el gesto resumidor de una existencia de amor consumado, donación sin medida y continuada de sí mismo para que todos tengan vida y una vida sobreabundante.
  3. c) Este banquete ha sido preparado por el Padre desde el origen del tiempo y lo ha realizado, en la historia, en Jesucristo, el Señor. En este banquete se cumple el misterio de la encarnación en mí.

 

  1. a) Jornada de la mañana

Iniciamos la mañana con una afirmación del predicador que seguramente todos la estamos experimentando en modo muy real. La copio textualmente:

“Realmente doy gracias a Dios porque el Señor creo que los está bendiciendo mucho y la meditación va ganando una virtualidad muy, muy poderosa, los ha puesto en contacto con el mismo Jesucristo y eso arregla muchas cosas. Especialmente la contemplación de los misterios de la cruz es muy sanadora. Por eso, la devoción me ha llevado a proponerles estos misterios de una manera más pausada que lo habitual. Pienso que muchos problemas en nuestra vida vienen por el hecho de que el misterio de la cruz se descentra de nuestra vida. Entonces, en el fondo de muchas de nuestras frustraciones y de los problemas que tenemos sub-entra una especie de ideal del estar bien, del ser reconocido, de no tener problemas y esto no es el ideal cristiano. San Juan Eudes tiene expresiones tremendas. Mañana leeremos un texto que me ha impactado muchísimo. Juan Eudes como todos los santos pasó grandes cruces, por ejemplo, las dificultades por las que pasó para el establecimiento de la CJM. Y ante todos los obstáculos, llegó a decir: Los que nos persiguen son nuestros benefactores. Tremenda idea. Pero es una idea que viene de quien tiene centrado este misterio de la Cruz en su propia vida. Entonces, ve todo desde otra óptica”.

Quiera el Señor que estos mismos efectos de bendición se extiendan al conjunto de la provincia, a cada hermano en particular y a cada comunidad local.

Inmediatamente después, el predicador nos propuso la primera contemplación de este día: La santa cena II. El lavatorio de los pies (Jn 13, 1-13). La meditación grupal – la conferencia del predicador- fue extraordinaria. Se concentra en estas palabras: la meditación del misterio de la Cruz tiene una fuerza sanadora extraordinaria, es un verdadero bálsamo que cura la vida. Citó el caso de una mujer abusada desde pequeña. Luego de un largo acompañamiento, el predicador le dijo a ella: yo sólo tengo un remedio para darte: centra tu vida en el misterio de la cruz de Cristo. Y ella preguntó: ¿Dónde estaba el Señor cuando fui abusada? El predicador le respondió: Esta allí contigo, siendo abusado contigo. Esto es centrar la vida en el misterio de la cruz: la identificación con Cristo de todas nuestras vejaciones. Al final, solo esto ayudó a esta mujer a encajar el sentido de lo que había vivido: sentir que Jesús lo había pasado con ella y que Él es su liberador.

Luego, el predicador nos introdujo en la contemplación del misterio de la cena a partir del lavatorio de los pies: La Santa Cena II (Jn 13, 1-3).

Petición: Conocimiento interno de Jesús que ha querido por amor a mí servir como el último, para que yo lo ame y lo siga más sirviendo como el último a Él y a mis hermanos.

1er punto: Contemplo la escena

* El lavatorio sucede en el curso de la cena. Jesús hace un signo deliberado y manifiesto, contra-cultural (la servidumbre lavaba los pies de los invitados). Jesús, en su ministerio, ya había sorprendido mucho a los discípulos con gestos inesperados. Pero, este… quedará siempre grabado en la memoria de la Iglesia como el signo que compendia su misión de servicio.

* Lava los pies uno a uno. Al entrañable Juan. A Judas el traidor. Y a Pedro. Primero se resiste por una falsa humildad. ¿Por qué razón Pedro no quería que Jesús lavara sus pies? Dicho de manera coloquial: Tú te da cuentas que si te dejas tratar así por el Señor se te caen los anillos y no te queda ninguna resistencia…

2º punto: Como estando yo presente:

* La actualidad de la contemplación nos permite gestos osados. Siéntate a la mesa con los apóstoles. Quítate los zapatos, ofrece tus pies al Señor. Que te los lave. Que te quite toda resistencia. Pero, atención- es un ejercicio de contemplación; no es una “humildad de figurete”, porque el Señor, lavando los pies a los apóstoles, me los lavó también a mí en esa noche, porque estamos ante un icono de la actitud universal de Jesús ante la humanidad al redimirla. Y eso arrastra muchas cosas, muchos resentimientos, muchos deseos de grandeza, muchos reclamos… todo eso lo barre este gesto del Señor.

3er punto: Cumplo el mandato del Señor.

* Es un mandato solemne y comprometedor. Jesús quiere prolongar su misión a través nuestro.

* El significado de nuestro ministerio es tal que sería sacrílego presidir su fiesta si no nos disponemos a servir de últimos a todos, sobre todo a los más necesitados.

* Cumple el mandato del Señor y siéntate en tu mesa particular, en tu banquete pascual particular… ¿A quiénes más siento ahí?  A los que sirvo en el seminario o en la parroquia, aquellas personas que me han fastidiado con quienes la relación con ellas se ha hecho difícil, tormentosa- siéntela ahí; sienta a tus superiores, a tu obispo, y ve lavando los pies uno por unomirándolos a los ojos.

Esa actitud renovada cuando lavamos los pies de los que servimos luego tiene luego tiene un efecto curativo, renovador de nuestro corazón y de nuestro ministerio.

  1. a) Jornada del mediodía: una instrucción sobre la consolación y la desolación.

* Ayer decíamos que Ignacio identifica la variedad de estados espirituales a partir de dos estadios paradigmáticos: la consolación y la desolación. El desarrollo amplio de ambos estados se encuentra en las reglas de discernimiento de la 1ª semana: EE 313-327. Allí están las respuestas a las preguntas: ¿Qué hacer en la consolación y en la desolación?

En la consolación…

  1. a) Debemos hacer acopio de fuerzas y de luz para cuando vengan a menguar. Tomar bien los puntos de referencia para poderse orientar en el túnel. Preservar su marca (de la consolación) para que cuando desaparezca pueda orientarme.
  2. b) No creérselo del todo. Humillarse. He de reconocer que se trata de un regalo gratuito de Dios y nunca mérito propio. En realidad, cuando nos envuelva la consolación, no debemos olvidar lo cretinos que somos. Vivimos la consolación con humildad, como un regalo que Dios concede sin merecerlo

En la desolación…

  1. a) No se toman decisiones que impliquen cambios radicales porque faltan las referencias positivas necesarias para orientarse. Hay gran peligro de errar.
  2. b) Hay que reaccionar ante la desolación siendo más diligente, más aguerrido, más firme. Debe evitarse cualquier actitud entreguista y combatir la tibieza espiritual.
  3. c) Hay que valorar positivamente la prueba en que Dios me pone, dándome siempre fuerzas suficientes para ir adelante. No se puede confundir la acción de la fuerza de la gracia (que es constante en nosotros) con la percepción objetiva de su presencia. Podemos no sentirla, pero está siempre allí. Hay que sintonizar con ella. No hay tentación mayor a nuestras fuerzas.
  4. d) Prepararse para la consolación, que vendrá a sus tiempos, porque el Señor conoce bien mi fragilidad.
  5. e) Interpretar el signo de la desolación, que en cualquier caso supone una llamada del Señor a convertirme:

– al compromiso serio, denunciando mi falta de tono cristiano, mi tibieza radical.

– a la generosidad sin actuar por la búsqueda de la gratificación del Señor

– a la gratuidad del don inmerecido e inmanipulable.

  1. b) Jornada de la tarde.

Completamos la contemplación de los misterios de la última cena de Jesús con sus apóstoles, en este día todo dedicada al don de la eucaristía: La Santa Cena III. Consagración y comunión: EE 190-198.289.

Jesús hace lo posible por acercarse al corazón de los apóstoles, por enseñarles el significado de la misión y por prepararlos para lo que se avecina. Pero ellos entran en un silencio ominoso y se van distanciando progresivamente del Señor. Esa distancia culminará en el huerto en la noche aciaga cuando Jesús sea detenido y se quede absolutamente solo. Pero Jesús ya ha comenzado a vivir en el curso de la cena esa sensación de soledad. En los discursos del adiós, Jesús no llega a penetrar en el corazón de los suyos, que se alejan de esa realidad, ven que la tragedia se cierne sobre ellos y no lo aceptan. El nuevo Cordero es Jesús. Aparecen las especies de pan y vino que hacen referencia a un misterio sacrificial: según el ritual sacrificial del Levítico la sangre se ofrece separada del cuerpo de la víctima porque la sangre es el signo de la vida y la vida es patrimonio de Dios. Por tanto, el ofrecimiento de la sangre separada del cuerpo indica que estamos ante un acontecimiento sacrificial. La eucaristía tiene esa distinción: además de cumplirse en una cena, la más sencilla de la cultura mediterránea (pan y vino),  también es evocación de un sacrificio, de la donación total de la vida. Jesús aparece como el nuevo Cordero que entrega enteramente su vida por nosotros. Es la nueva alianza, radical, definitiva. La historia de salvación recomienza en un punto cero que recoge lo anterior como una sombra, como una figura y lo que viene posteriormente va a ser despliegue de este misterio de amor– El Señor lo ha dado absolutamente todo por nosotros: no hay mayor amor que dar la vida. Y, aquí se produce esta especie de milagro continuado, este gesto de entrega del Señor que va a permanecer en un presente continuo en la vida de la Iglesia. Es la donación permanente de Jesús por la cual va a estar absolutamente siempre con nosotros. Haced esto en memoria mía. Es mucho más que un mero recuerdo, es un memorial, es una actualización de ese gesto, de ese acontecimiento amoroso que se hace absolutamente presente hoy. No como repetición numérica sino como acontecimiento que nos une a la entrega del Señor de una vez por todas. Y nosotros tenemos acceso permanente e inmediato a este misterio.  A la actualización de la entrega, al memorial de la vida del Señor: No he venido a ser servido… Por un camino de humillación, Jesús se queda en la eucaristía de manera callada, modesta- es un abajamiento de encarnación. Es una presencia nada aparatosa pero extraordinariamente amorosa y poderosa. Porque allí está con nosotros. Háganlo Uds. En esa noche se instituye el misterio de nuestro ministerio. Que es una presencia existencial de Jesucristo cabeza y pastoral que reúne a su pueblo y que se realiza sobretodo en la presidencia de la eucaristía no como rito que nos coloca por encima de los demás, sino como presidencia de amor y servicio que luego se prolonga totalmente en nuestra vida. Presidimos la eucaristía en tanto que nos coloca ante el pueblo con nuestra existencia totalmente implicada, vuelta a la construcción de una fraternidad donde los pequeños son privilegiados y el Señor Jesús actualiza su entrega amorosa por todos.

  1. d) Jornada de la noche.

Como es usual en estos EE, en la noche, somos introducidos en la contemplación de un misterio que, al día siguiente, se constituye en materia de oración personal y silenciosa.

En la continuidad de la contemplación de los misterios de la Pasión del Señor, luego de este día dedicado totalmente a la Santa Cena, somos invitados a realizar un entero viacrucis: se trata de seguir inmersos en la Pasión del Señor, ahora desde la Cena del Señor hasta la Cruz.  Para este propósito meditamos a partir de Mc 14, 32-52. Estos fueron los puntos indicados para la oración:

* Se acaba la cena, se recogen las sobras y se queman, salen hacia el Monte de los Olivos.

* Es la hora más amarga de la Pasión. A Jesús, el Padre le representa, de golpe, lo que vivirá durante la pasión. El predicar cita esta anécdota en la vida del p Arrupe: cuando llegó a Japón, dice Arrupe, se bajó feliz al muelle, llegaba a su lugar de misión. Sin embargo, en su auto-biografía, años después confiesa: Si hubiera sabido la cruz que iba a vivir en Japón no hubiera bajado del barco). Y sin embargo, Jesús, en su caso, no se detuvo, siguió adelante.

* En su oración, Jesús revalida su opción de siempre: hacer la voluntad del Padre, no la suya.

* Llega la hora del prendimiento y ahí está Jesús maniatado, arrastrado, conducido. Ha perdido su autonomía. Sus manos, biehechoras, están ahora maniatadas. Sus manos, prolongación de la ternura de Dios…

* A los duros tormentos físicos, se le une otro, más profundo todavía: sus discípulos, todos, huyeron. Se rompe la comunidad. Jesús enfrenta el resto de la pasión y la cruz sin sus discípulos. Experimentar el dolor de la traición del amigo y el abandono de los íntimos.

* Y el relato se cierra con el joven desnudo que huye: su desnudez es símbolo de la cobardía que lo envuelve en la noche de la vergüenza.

Y termina el predicador con esta inesperada invitación: Si les da devoción pueden partir la noche y hacer una hora de contemplación en el corazón de la misma. Así lo recomienda Ignacio en los EE. Ayuda mucho contemplar esta escena en el corazón de la noche.

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