PRIMER RETIRO PROVINCIAL 2019 – DIA 6

Dia 6- 22 de octubre 

  1. a) Oración de la mañana

Comenzamos el día, en oración silenciosa, contemplativa y personal, a partir de Mc 14, 32-51, la escena posterior a la última Cena, la oración en el huerto.  De este modo, avanzamos en la contemplación de los misterios de la Pasión del Señor. Un modo de oración ignaciano ante la experiencia de profunda pelgaria del Señor que se entrega al Padre y revalida la opción fundamental de su vida: hacer la Voluntad del Padre, de su Abbá; y la entrega libre y voluntaria a los verdugos que vienen a su encuentro con una violencia inusitada, guiados por el amigo y traidor, añadiendo así a la amargura de esa hora, la más terrible soledad. El Señor está solo en medio del sufrimiento. Quiso tal vez contar con la ayuda de los amigos, pero, lo abandonan: uno lo traiciona, otros duermen, el resto se sustrae de este momento trágico y al final huyen todos (Mc 14, 50).

 

En esta escena contemplamos al Señor que ora al Padre y vive la Pasión con entereza por amor a mí para que pueda mejor amarlo y seguirlo.

  1. b) Jornada de la mañana

 

Se nos propuso continuar la contemplación de los misterios de la Pasión, ahora a partir de una sección muy importante de la narración de la Pasión en el Cuarto Evangelio: Jn 18, 28 – 19, 16: el proceso contra Jesús. Se sugirieron los siguientes puntos para la oración:

* Jesús decididamente libre avanza en el cumplimiento de su misión. Es objeto de dos procesos judiciales, viciados y amañados. Uno, religioso de parte de las autoridades judías; y otro, político, guiado por el poder romano. Jesús, sereno y soberano de la situación, afirma su identidad y su misión.

* En el pretorio, la escena se desarrolla en 3 espacios: un espacio exterior (allí está el pueblo, ahí encontramos a los apóstoles alejados – sin duda, estarían también María y Juan) Observar la tremenda la dinámica de la pasión. A partir del huerto, hay doble movimiento: los discípulos, sus íntimos, se alejan. En cambio, María y Juan se acercan a Él, le permanecen fieles, lo acompañan de modo cada vez más estrecho. Esta es la hora para aquilata la fidelidad en el seguimiento. Unos se van separando; otro, en cambio, se acercan. Aparece un núcleo absolutamente fiel hasta el final: Juan y María.

* La contemplación de los misterios de la Pasión es una contemplación comprometedora: coloca a cada uno en su lugar, desnuda la verdad interior de cada personaje, muestra qué motivaciones son base de la actuación de cada uno: las autoridades cobardes y malintencionadas, la masa acomodaticia y manipulable, la madre y el discípulo fieles hasta el final; Pilato, el gobernante romano llevado por el pragmatismo, incapaz de enfrentar al masa judía sucumbe ante la necesidad de preservar el poder a toda costa. A mí también me pone en lugar, ¿cuál es?

* Jesús es objeto de burla y es flagelado. Y en esa circunstancia tan cruel, de manera inesperada, aparece su verdadera realeza: ¡Este es su rey! (Jn 19,14). En esta realidad ignominiosa de la realiza de Jesús es el amor de Dios  el que se manifiesta a nosotros, es la misma gloria de Dios la que se hace presente.

* Jesús es flagelado. Es un misterio tremendo y definitivo.  Somos invitados a asistir a la flagelación, en una contemplación callada, profunda, de sintonía amorosa con el Señor que consuma su entrega. Hay que hacer con una cierta demora, escuchando un golpe detrás de otro, que Jesús recibe por mí.

* Finalmente somos invitados a compartir el dolor de la madre. La puerta de Juan Eudes para entrar en el corazón de Jesús es el corazón de María. Podemos vivir ahora lo que resta de la contemplación de la Pasión, con esta actitud: entrar en el corazón de Jesús a través del corazón de María, a través de lo que la virgen experimenta.

 

  1. c) Meditación del mediodía: La preparación para la reforma de la vida.

En este día no hay instrucción. Contemplamos el misterio de la Cruz. Por tanto, se requiere total silencio. Sobran las muchas palabras.

Una clave importantísima para tener en cuenta en este momento de los EE: Tenemos que aprovechar el tiempo que queda en los EE porque hay que vivirlos plenamente hasta el final. Pues bien, una de las cosas importantes en este momento es la reforma de vida. Hay que llevar a la práctica lo que el Señor nos ha ido sugiriendo. No es que el fruto de los retiros se centre exclusivamente en los propósitos. No. El fruto de los EE se centra en la misma experiencia espiritual que uno se lleva en el corazón. Los EE son el paso del Señor por mi vida que deja una marca en el corazón y me lleva a vivir de una determinada manera.

Podríamos seguir una metodología práctica, al momento de fijar los propósitos que, aún teniendo en cuenta lo dicho antes, son importantes también. Un criterio básico previo: En contemplación, cada uno define propósitos realistas y concretos, según lo que el Señor le ha inspirado, una y otra vez en estos EE. El Señor nos insiste generalmente en cosas concretas y que van siendo las mismas, nos las pone en el corazón, no nos dispersa en mil atenciones.

Se nos propone un modo práctico de proceder en 5 pasos:

(1) tomen su cuadernillo -si han anotado las experiencias espirituales- o hagan memoria de lo vivido en los EE

(2) Ver en las señalas consolatorias que Dios les ha puesto en su corazón, ¿qué es lo que el Señor les ha ido marcando en su interior y percibir la muy concreta pedagogía del Señor. (4) Tomar alguna decisión concreta que les ayude a vivir lo que el Señor les ha indicado. (5) Escribir luego la decisión que tome– en un documento breve, en hoja pequeña que permita llevar consigo siempre la lista de propósitos en el breviario o algún libro de oración.

Estos propósitos (2 o 3, al máximo) pueden ser, luego, materia de diálogo con el director espiritual.

Un caso ejemplar: El Diario de un alma de Juan XXIII es la colección de propósitos establecidos en sus ejercicios anuales. Roncalli establecía propósitos durante los EE y vivía atento a ellos en adelante. Así él iba concretando en su vida lo que el Señor le iba pidiendo.

* Luego, se propusieron 3 reglas establecidas por Ignacio para determinar la concreción de los propósitos. Estas reglas están pensadas para quien hace elección de estado (uno de los objetivos de los EE) o para quien, como en nuestro caso, teniendo ya un estado de vida debe vivir en continua reforma de vida. El objetivo es uno: que cada uno avance en este camino de santidad según el carisma propio de su vocación. Esto es básico para la vida religiosa: en la Iglesia la vida consagrada subsiste sólo en sus formas carismáticas. Cada vocación, centrada en su configuración carismática, refuerza en cada miembro el sentido de pertenencia al propio instituto.

Ahora, sí, concretemos las 3 reglas para verificar la concreción de los propósitos:

  1. a) La primera (EE 185) es: percibir que la motivación que me lleva a elegir determinado propósito me configure más a Jesús y me lleve más a Él. No puede ser cualquier motivación. Bajemos esto a un ejemplo concreto: “Yo le voy a pedir al Señor que me mande a esa parroquia porque mi mamá vive a tres cuadras, a tres hay clínica que cuida la artritis y yo tengo muchos dolores… y además está Berta que es excelente cocinera…¡Pues, no! Estas no son las razones que cuentan en un propósito conforme al Señor / Las que cuentan son aquellas que yo siento que me identifican con el Señor, que me funden con Él.

También esto se puede hacer esto en forma de petición: pedirle al Señor que me atraiga aquello que es más conforme a lo que Él quiere.

  1. b) La segunda es muy curiosa, pero muy efectiva (EE 186): Desdoblarme en otra persona -usando la imaginación- para verme con mayor objetividad. En la dirección espiritual uno no lleva al acompañado por donde le da la gana -como un perro guiado por una cuerda que yo sujeto, más bien, se le dan instrumentos para que la persona se lea interiormente y se pueda confrontar con lo que ha decidido para verificar si sus propósitos son conforme al Señor. Otro ejemplo concreto: en los exámenes vocacionales se puede aplicar esta segunda regla de Ignacio a través de un ejercicio sencillo: sugerirle al joven que discerne la vocación que se inviertan los papeles, de modo que, el acompañante asume el rol del acompañdo y viceversa: El acompañante asume el papel del joven que cuenta la historia vocacional; y éste asume el papel del acompañante. Entonces, se le pregunta al joven-acompañado: entonces, tú, ¿que me aconsejas?, ¿qué me dirías? Generalmente aciertan porque mirándose desde fuera, se ven con mas objetividad.

 

  1. c) La tercera la citamos textualmente. Así dice Ignacio en EE 186: considerar como si estuviese en el artículo de la muerte, la forma y medida que entonces querría haber tenido en el modo de la presente elección, y reglándome por aquélla, haga en todo la mi determinación.

Estoy dándole vueltas a un asunto que quiero decidir o una propuesta que quiero hacerle al P Provincial y digo: me sitúo en el momento de la muerte… y me digo: ¿yo estaré contento de haber tomado esta iniciativa? El pensamiento de la muerte es medicinal porque es una frontera que no admite más que el paso de la caridad de los gestos de amor que hemos puesto en la vida, el resto se queda aquí. La muerte nos despoja de muchas cosas y nos devuelve a un juicio sobre nuestra vida que es sumamente importante. Da una nueva perspectiva, invita a asumir una proyección escatológica que imprime a la vida autenticidad evangélica en las decisiones presentes.

  1. d) Jornada de la tarde.

Continuamos, en ambiente de silencio intenso, la contemplación del sobrecogedor misterio de la muerte del Señor. Ante la sublimidad de este misterio, las muchas palabras sobran. Se requiere silencio contemplativo, participación profunda en este signo del amor de Dios. Éste y todos los grandes acontecimientos se viven en el silencio.

Estos fueron los puntos para la oración:

* Jesús entró en el vaho oscuro de la muerte de una manera real, no fue una ficción. Jesús probó esa realidad contra la cual toda la humanidad se rebela. El hombre ser rebela porque estamos hechos para la vida. Por eso cuesta morir. Jesús se encarnó de tal manera que probó esa condición del pecado. La muerte es condición del pecado, porque estamos hechos para la vida. Y Jesús la probó para romperla desde dentro.

* La comunidad primitiva leyó el salmo 22 como salmo profético del momento final del Señor en la cruz. Y la Pasión también puede ser leída a partir de todos los salmos del justo perseguido que son parejos a los poemas del siervo de Yhwh, del II-Isaías. La  cruz aparece en forma de despojo. Y efectivamente Jesús en la cruz ha sido despojado de todo: de sus vestidos (la desnudez vergonzosa, expuesto en público un cuerpo desnudo), de su dignidad (los viandantes lo insultan- bájate… ¿no eras milagrero? ¿qué vas a hacer ahora?). Lucas tiene elementos de tregua misericordiosa que no tiene Marcos. El relato de Marcos es sobrecogedor porque incluso los malhechores que están a uno y otro lado del Señor se vuelven contra él y lo insultan. Jesús muere en medio de un coro de insultos: de los viandantes, de los malhechores, de la masa…

* Finalmente Jesús es despojado del don de la vida. Es una hora terrible. La humanidad de Jesús clama por la presencia del padre que no lo siente: ¿Por qué me has abandonado? Y, sin embargo, es una hora de profunda confianza. Los salmos 22 y 31 -que Jesús cita sobre la cruz- concluyen con una confianza total en el Señor: “Tu el Dios leal me librarás” “A tus manos Señor entrego totalmente mi vida”. Jesús cierra sus ojos a la historia presente con una oración de confianza a Dios. Como la vemos en muchos creyentes. La muerte es un momento ineluctable que cierra de una vez por todas el curso de la vida humana. Pues, ante ella hay solo dos alternativas: o la desesperación o la confianza en Dios. Jesús nos enseña a confiar en el Padre hasta el final

* En medio de esta hora terrible y en medio de esa negrura, aparecen como un botón de primavera, los signos nuevos de la victoria del Señor:

  1. a) Y entregó el Espíritu (Jn 19,30). Salió de Jesús el pneuma: en la antropología bíblica, el pneuma es el principio de la vida. Por tanto, la participación de Dios en nuestro ser. Sale de Jesús el Espíritu para ser entregado a cada uno de nosotros. Ahí nace la iglesia, ahí nace nuestra vida: hemos nacido del Espíritu en la muerte del Señor. Le ha costado una vida entera, pero nos ha entregado la vida.
  2. b) Una nueva vida comienza y empieza a realizarse la promesa de la peregrinación que los profetas: desde todos los ángulos de la tierra al lugar santo prefigurado en el santuario del AT y a partir de la muerte de Jesús el núcleo del encuentro con el Padre será el Hijo. Por tanto, comienza a acudir al Hijo los creyentes.
  3. c) Finalmente, Jesús nos entrega el gran amor de su vida, nos entrega a su madre. La comunidad primitiva siempre interpretó que las palabras que Jesús a Juan estaban dirigidas también a todos nosotros, a todos los creyentes. María estaba en pie junto a la cruz. Esa es la imagen de la fidelidad hasta el final y ella fue la que arremolinó a las mujeres y al discípulo amado al pie de la cruz. Esa es la lección última del discipulado. El discipulado de Jesús acaba en compartir con Él la entrega plena de la vida. Y Jesús nos deja a su madre. Por eso el último título que le atribuyó el Concilio: María, la madre de la Iglesia, de todos nosotros, es una herencia sagrada de aquella cuyo corazón -en la visión de JE- nos irá conduciendo derechamente al corazón del Hijo, de Aquél que nos ha redimido.

 

  1. e) La jornada de la noche: Aparición del Resucitado a María (EE 218-225) (299)

Un importante comentario previo a esta última meditación del día: Quizá algunos puedan tener la falsa impresión de que los EE han acabado. No es así. No sólo no han acabado, sino que lo que queda de EE es importantísimo. Porque es el puente con la vida. Si el Señor no hubiera resucitado vana sería nuestra fe. Es muy necesario dejar que el Señor nos consuele, que se produzca la gracia de 2 Cor 1,3-ss y nos vayamos consolados por el Señor para consolar a los demás.

Algunos piensan que la gracia de la Pascua viene sola. Pues, no es tan fácil. En el sentido de que es una experiencia todavía más gratuita. Fíjense como la define Ignacio en EE 221 Demandar lo que quiero y será aquí pedir gracia para me alegrar y gozar intensamente de tanta gloria y gozo de Cristo nuestro Señor. El motivo de la alegría no es que haber hecho unos buenos EE. El verdadero motivo de alegría es que Cristo ha resucitado y que me contagia esa victoria.

Volvamos a la meditación de la aparición del Resucitado a María, según Ignacio:

Nos propone iniciar esta contemplación la Petición – EE 221: Alegrarme por la manifestación de la gloria de Dios en la humanidad resucitada del Hijo (Tit 2,13), que Señor nos regala (Rom 8, 17; Fil 3,21; Col 3,4) en una vida nueva en el Espíritu (Rom 8), que nos lleva a la adoración, alabanza, agradecimiento, vida y paz constantes.

El criterio fundamental es este: en la Aparición a María se recrean 3 elementos fundamentales de los relatos de aparición del Resucitado en los evangelios canónicos, a saber:

  1. a) El consuelo que el Resucitado trae a los suyos: Paz a ustedes (Cfr. Jn 20)
  2. b) La catequesis del Resucitado a los suyos que los abre a la comprensión más plena del misterio de la cruz y de la victoria pascual
  3. c) El Resucitado comunica una misión.

Téngase en cuenta, además, que estos relatos de aparición pascual son una pedagogía acerca del modo a través del cual nosotros nos encontramos con Cristo vivo en nuestra historia presente. ¡La fe supone que nos encontramos con Cristo vivo! Y, en virtud de esto, podemos decir: yo lo he visto, he hablado con él, nos hemos hecho amigos. No es un conocimiento de oídas, sino un conocimiento directo. El famoso prólogo de 1 Jn también se refiere a nosotros: lo que hemos visto, lo que hemos oído. Y eso podemos decirlo ahora después de estos EE con más certeza.

Todo esto, entonces, da luz para entender cómo Ignacio se atreve a proponer un misterio del que no dice nada la Escritura.

1er punto: María, la primera consolada (Una alegría indescriptible: Is 61; Hb 2,9) y una alegría sin ocaso (Ap. 19,7)

2º punto: Releyendo una vida plena de sentido (catequesis pascual del Resucitado a María): la madre del linaje victorioso, Gen 3,15; la humilde, colmada de gracia lc 1, 46-55; la mujer del sí Lc 1,38, la madre maravillada y contemplativa Lc 2, 33.51, la madre unida al Hijo Mt 2,11.13.20, la madre arrancada del hijo Lc 2,49, la verdadera pariente de Jesús Lc 11,27ss, la testigo fiel de la misión del Hijo Jn 2, 1-12; 19,25ss

3º punto: María, confirmada en su nueva misión: la Hija de Sión que personifica las bendiciones del Señor a su pueblo (Is 62), la madre de los creyentes (Jn 19,26) y la madre de la Iglesia (Hch 1,14).

Coloquio: Que María nos enseñe a disponernos para que el Señor resucitado ejerza con nosotros su oficio de consolador (EE 224).

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