PRIMER RETIRO PROVINCIAL- DIA 7

Dia 7- 23 de octubre 

Estamos llegan al final del retiro. Mañana será el octavo día.

Este día inició con la oración personal y silenciosa en la contemplación del encuentro radiante de gozo entre el Resucitado y su Madre. Ayer en la meditación de la noche se presentaron los puntos de la oración y hoy cada uno los recorrió en la intimidad del corazón rehaciendo también en su propia vida este encuentro de paz, de gozo, de vida nueva con el Resucitado. Así iniciamos el día de Pascua en el marco de nuestros Ejercicios Espirituales, centrado en la contemplación de los misterios del Señor.

  1. a) Jornada de la mañana: Jn 20, 1-10.

Se nos propuso la contemplación de los misterios de la Pascua a través de un texto de la tradición joánica: Evangelio de Juan 20, 1-10, la tumba vacía. Estos fueron los puntos de oración sugeridos por el predicador:

Petición: Que el corazón se abra a esa contemplación de la presencia del resucitado que impregna toda nuestra vida. Él está vivo por mí, en mí, conmigo.

 * Estamos invitados a vivir plenamente, en serenidad y gozo, este día de pascua de los EEEl misterio de la vida se va abriendo y todo se contempla con nuevos ojos nuevos: la propia vida, la misión, la comunidad, los trabajos.

* Los discípulos acogen la invitación del Señor: Vuelvan a Galilea y allí me verán. Vienen ganas de retorno, pero en un modo distinto. La percepción de nuestra compañía del Señor cambia, el Resucitado está con nosotros, Él llena nuestros ambientes. Enfrentamos los mismos problemas, vivimos las mismas circunstancias, pero hacemos todo de un modo nuevo, atravesados por esa presencia llena de confianza y estimulante del Señor.

* El ángel de la Pascua anuncia: no busquen entre los muertos al que vive. No busquen al que vive en los resentimientos del corazón, en la desolación. El Señor está en la paz, en el perdón, en la comunión, en la alegría profunda, en el maravilloso carisma que Juan Eudes legó a la Iglesia.

* Entremos en contemplación de la Pascua a través de la mirada de los tres testigos: Pedro, Juan y Magdalena.

Pedro garantiza la fe pascual para todas las generaciones sucesivas en la Iglesia.

Juan es la figura de la comunión espiritual con el Señor Es quien descubre en la fe al Señor: “Vio y creyó” (20,8) “Es el Señor” (21,7).

Magdalena es la figura del amor que descubre al Señor a través de esa apasionada fidelidad que la llevó hasta la cruz y la llevó después al sepulcro para embalsamar al Señor. Lo va a visitar con infinita ternura. Es el amor que le lleva a encontrar cualquier vestigio del recuerdo de la presencia del Señor.

* Los signos de la tumba vacía: nuestra vida está atravesada de esos signos que anuncian la victoria pascual del Señor y manifiesta su nueva forma de presencia en nosotros. ¿Cuál es el argumento? Si alguien tratara de desmentir lo que hemos vivido en su experiencia del retiro, lo rechazaríamos de plano porque el Señor ha generado convicciones internas en cada uno que son mucho más poderosas de cada no por sí mismo o por su propia imaginación pueda alcanzar y así hemos llegado a una percepción muy verdadera de la acción de Dios en nuestra vida por la presencia del Señor. Nuestra vida con ojos de fe aparece claramente transida de esa presencia del Señor.

* Estamos ahora en el tiempo de la presencia pascual del Resucitado. Ya no estamos en el tiempo de la presencia histórica del verbo encarnado, ahora estamos en otra situación, en una presencia visible sólo por la fe y con una nueva sensibilidad que es la que proporciona el Espíritu del Señor.

* María Magdalena, en la escena siguiente (Jn 20, 11-18) reconoce al Resucitado sólo cuando se siente llamada por su nombre. Es un reconocimiento maravilloso porque está en la línea de la Escritura. Dios se da a conocer a su pueblo y a sus grandes líderes a través de una convocación personal. Is 43: yo te llamé por tu nombre. El Señor se dirige a nosotros, nos concierne de manera inmediatamente personal. Cada uno en esta meditación está invitado a escuchar su nombre pronunciado por la boca del Viviente, en la convocatoria del Señor vivo que nos llama. Ese por mí que nos ha estremecido en el misterio de la cruz ahora sigue afectándonos profundamente en el misterio de la Pascua: estoy vivo en ti, estoy vivo para ti, estoy vivo contigo.

* María reconoce al Resucitado y lo llama rabbuní = tú eres mi maestro, tú eres mi camino, tú eres mi escuela. Y añade: Vete a anunciar a los hermanos. La experiencia del Resucitado acaba siempre en la misión. No estamos llamados a un disfrutar solipsista, encerrados en sí mismos, a un consuelo particular. La Pascua es una alegría que nos convierte en testigos, en anunciadores. Hemos sido consolados para consolar a otros (Cfr. 2 Cor 1, 3-ss). Por eso, son importantes estas meditaciones de la pascua: porque el Señor quiere consolarnos para consolar a otros.

  1. b) Instrucción del mediodía: Las 3 reglas de la humildad en los EE 165-168 de Ignacio.

En este ejercicio, Ignacio hace una descripción muy simple, ternaria -como es su estilo-, del grado de santificación cristiana, del grado de nuestra madurez en la fe. Este ejercicio se puede hacer en el día de pascua de nuestros EE porque la experiencia pascual misma nos empuja a la plenitud de la vida cristiana.

¿Por qué Ignacio pone en relación santidad cristiana, la madurez de la vida cristiana y humildad? Por dos razones:

  1. a) porque el camino de la santidad cristiana es una especie dos rieles (humildad y amor) sobre el que avanza el tren de la vida cristiana. La humildad y el amor son los elementos básicos de la santidad cristiana. Entendamos estos 3 grados de humildad describen, en realidad, 3 grados de amor, y que en ambos elementos reside la perfección cristiana.
  2. b) porque solo en el abajamiento, el Señor ocupa la creatura para hacerla vivir en el amor y porque la forma de amar es amar como yo es he amado (Jn 15): un amor humilde, un amor del que se abaja, un amor del que se entrega.

Veamos, entonces, esas 3 reglas de la humildad de Ignacio:

  1. a) EE 165. 1ª humildad: La primera manera de humildad es necesaria para la salud eterna,- es un grado básico de perfección cristiana- es a saber, que así me baje y así me humille cuanto en mí sea posible, para que en todo obedezca a la ley de Dios nuestro Señor, de tal suerte que aunque me hiciesen señor de todas las cosas creadas en este mundo, ni por la propia vida temporal, no sea en deliberar, de quebrantar un mandamiento, quiera divino, quiera humano, que me obligue a pecado mortal.

Esta primera regla -que hemos leído en el lenguaje de Ignacio- se trata de una honestidad básica del cristiano, el cual de ninguna manera y por ninguna razón puede poner en juego, mucho menos en peligro, una ruptura definitiva con el Señor. Sencillamente eso no se puede contemplar. (Ej. Uno que entra a la CJM y se incorpora y promete una fidelidad de por vida, y se dice a sí mismo: “Yo entro a la Congregación, pero veamos a ver qué pasa. Si esto no resulta, si esto no me llena, pues, no me importa, me voy” – Quien dice eso, de alguna manera, ya desde el inicio se está poniendo en pista de salida. Esta primera regla de humildad es, por tanto, una cuestión básica, pero no lo es del todo. Mucho que asumieron esta regla con seriedad llegaron al martirio.

  1. b) EE 166 2ª humildad. La 2ª es más perfecta humildad que la primera, es a saber, si yo me hallo en tal punto que no quiero ni me afecto más a tener riqueza que pobreza, a querer honor que deshonor, a desear vida larga que corta, siendo igual servicio de Dios nuestro Señor y salud de mi ánima; y con esto, que por todo lo creado, ni porque la vida me quitasen, no sea en deliberar de hacer un pecado venial. Esta actitud beligerante contra el pecado de cualquier nivel, aunque sea un pecado venial, es característico de la vida moral de los santos. Una actitud decidida de no querer cometer un pecado consentido.

Las reglas, como fue dicho, son caminos del amor. El primero, dijimos, es un camino básico del amor. Ahora, sin embargo, esta segunda regla de humildad, representa un grado de amor más fuerte, en el cual la persona se hace libre, es decir, las condiciones concretas de su vida se hacen relativas porque lo central en su vida es vivir en el amor del Señor. Y vuelve a traer Ignacio aquellos ejemplos que citaba en Principio y Fundamento; pero aquí los reduce a 3: riqueza-pobreza; honor-deshonor; vida larga-vida corta… no incluye explícitamente enfermedad-salud = es decir, que las ventajas humanas, eso que puede ser fundamental en el corazón del hombre, no son absolutas, porque lo que le importa es no perder el vínculo con Cristo. Este es un grado de libertad muy hermoso, pero no es el último. Ignacio propone otro grado.

 

  1. c) EE 167. 3ª. Humildad. La 3ª es humildad perfectísima, es a saber, cuando incluyendo la primera y la segunda, siendo igual alabanza y gloria de la divina majestad, por imitar y parecer más actualmente a Cristo nuestro Señor, quiero y elijo más pobreza con Cristo pobre que riqueza, oprobios con Cristo lleno de ellos que honores y desear más de ser estimado por vano y loco por Cristo que primero fue tenido por tal, que por sabio ni prudente en este mundo. La tendencia del corazón, la tendencia natural, es a una vida lo más semejante a Cristo que incluye esa experiencia de humillación que vivió el Señor, de rechazo del mundo, y de libertad y pobreza frente a los bienes de la tierra. Hay que fijarse en un aspecto fundamental: aquí se insiste no en el vacío por sí mismo; no se habla de la pobreza por la pobreza, no se habla de los insultos por los insultos. No se trata de esto. El con Cristo es lo fundamental. Y esto solo se entiende desde la perspectiva del amor. (Juan Eudes escribió: “Entre todas estas ventajas he reconocido claramente que el tiempo de las humillaciones, las tribulaciones, las angustias y las cruces es un tiempo mucho más deseable, amable y ventajoso, más útil, más precioso que el de los aplausos, las alabanzas y las consolaciones. Recibamos ambos de la mano de Dios y esforcémonos por hacer su santa voluntad”.

 

  1. c) La jornada de la tarde. La contemplación de la escena pascual del evangelio de Juan. Jn 21, 1-ss.: la aparición del Resucitado y el interrogatorio a Pedro.

Estos relatos de aparición del Resucitado son muy significativos. Son formas mistagógicas, es decir, son formas que evocan el modo de hacerse presente Jesucristo en la vida actual de la Iglesia.

Los puntos para la contemplación:

* La escena, por tanto, comienza con una noche de trabajo con muy pocos resultados y le sigue la señal del misterioso personaje que aparece: lancen la red (21,6)Esta señal de Jesús es la que provoca el fruto apostólico. La Iglesia y los agentes del ministerio somos instrumentos del Señor, pero la autoría de la acción transformante, de la acción evangelizadora, de la acción salvífica la retiene el Señor porque sólo Él puede cambiar los corazones de los hombres, sólo Él puede modificar la realidad. Esto es lo más bello de la dirección de los EE y, en general, de la misión de la Iglesia: “pegar” una persona junto al Señor y dejar que el Señor actúe. Él realiza su obra.

* También encontramos la escena de la comida del Resucitado con los apóstoles en ambiente convival (21, 9). Es una escena eucarística en un ambiente amical, no es un puro rito. Es una celebración eucarística dentro de un banquete convival y el Resucitado mismo prepara el alimento. El banquete tiene un contexto amical. ¿Qué quiere decir eso? Que la eucaristía es el corazón de la vida fraterna, donde todo se comparte: la vida, el trabajo, el descanso, la comida, el estar juntos, el disfrutar, todo se comparte. En el corazón de esa fraternidad está la eucaristía.

* Luego a partir del v.15 aparece el interrogatorio tan singular del Resucitado a Pedro.  En estos EE estamos invitados vivirlo también en primera persona, en relación de cada uno con Cristo. La pregunta fundamental es: ¿me amas? Hemos celebrado el corazón de Jesús y en ella escuchamos la invitación del evangelio que eligió Juan Eudes para esta fiesta: permaneced en mi amor (Jn 15). He aquí la clave de todo.

* El diálogo es muy sutil desde el punto de vista lingüístico. Jesús usa el verbo agapao (amar). Es el verbo que -como recordaba Benedicto XVI en Deus caritas est– expresa con mayor hondura el amor cristiano, es la forma más oblativa del amor. Sin embargo, Pedro responde con el verbo fileo (querer), que es un verbo más bien referido al mundo de los sentimientos y que no tiene la misma profundidad. El Señor le vuelve a preguntar con el mismo verbo (agapao= ¿me amas?) y Pedro le responde de la misma manera (fileo= Te quiero). Y en la tercera -misteriosamente- es Jesús quien usa fileo (= ¿me quieres?). ¿Por qué? Es como si Jesús se abajara a la condición de Pedro… y le dijera algo así como:  Bueno, ¿me quieres?, ¿me quieres a tu modo, a lo que puedes? Y ya Pedro se queda muy conmovido y le responde: Señor tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero. Al Señor le agrada sentir esta declaración de amor también de parte nuestra. Y se la hemos de decir esta tarde, de corazón. Porque es la verdad más grande de nuestra vida. Somos pobres, miserables, pero realmente amamos al Señor.

* Y el Señor reconstituye a Pedro en la primacía en que le había colocado al frente del colegio apostólico y de la iglesia naciente con una triple declaración que es un paralelo a las negaciones. Pedro le negó tres veces y no fue un pecado cualquiera porque fue un pecado que atentaba contra la misión que había recibido del Señor: Confirmar en la fe a los hermanos. Entonces, Jesús, por 3 veces, pide a Pedro una recomposición de ese pecado y al final le crea una gran conmoción a Pedro que le llevó a esta declaración: Tú sabes todo, sabes que te quiero.

* Jesús, en esa reposición de su rol a Pedro, utiliza fundamentalmente dos verbos que vienen del mundo pastoril: bosco y poimaino. Que son sinónimos, pero que tienen matices distintos: Uno se refiere al cuidado de la oveja en sus necesidades inmediatas (darle calor, alimento, fresco cuando lo necesita, atenderla, darle un techo para las tormentas); el segundo marca más bien la orientación: El pastor guía a la oveja. Y fíjense que estos dos verbos configuran toda relación de ayuda: por ej, la relación de los padres con los hijos (no solo es dar el cuidado material sino también el cuidado de la educación, de la fe y darle orientación de vida. Los que no han tenido esta orientación de vida viven después situaciones dramáticas). El Señor reconstituye a Pedro en esa tarea. Su caridad pastoral habrá de cuidar de los suyos, de la Iglesia y de los que están fuera, de la oveja perdida para convocar a todos al redil del Señor. Y el Señor designa la oveja con el posesivo de 1ª persona: las llama mis ovejas: Cuida de mis ovejas. Las ovejas son del Señor. Las personas que tratamos en la relación pastoral son del Señor. Los fieles que cuidamos son del Señor. Son la propiedad exclusiva del Señor y tienen la dignidad de su dueño y se nos exigirá el respeto y el trato esmerado que tengamos con la propiedad del Señor. No las podemos manipular, no podemos hacer con ellas lo que nos da la gana. Las hemos de cuidar esmeradamente. A cualquier tipo de persona, sea un muchacho de la calle, sea un enfermo, una viuda, una persona pobre, una persona rica. Cualquier tipo de persona. Todos son del Señor. Reconozcámoslo: La manipulación del clero, las malas intervenciones de gente de Iglesia a personas concretas han causado las heridas más dolorosas: los abusos sexuales, de poder, de conciencia.  Dios quiera que en el juicio definitivo no se nos pida cuentas a este nivel.

* Que el Señor nos conceda tratar a los suyos con dignidad, sea quien sea, a todo tipo de personas, con la dignidad de los hijos de Dios a los cuales somos llamados a cuidar y a atender. Todo se resume en el amor, concentra en el amor, lo demás es añadido. Nuestra tarea en la vida es aprender a amar. Un amor auténtico como el que nos recomendaba el evangelio de hoy (Jn 15): las pistas de Juan Eudes que nos llevan a un amor estrechísimo con el Señor y a la vez al cuidad de una fraternidad real y de un servicio que compromete a toda la persona que Él pone en nuestras manos. Ahí encontraremos al Señor cada día con la alegría de servirlo con amor.

  1. d) Jornada de la noche.

A esta altura de estos EE breves surge espontáneamente el deseo de dar gracias a Dios. Cuando el Señor pasa por los corazones, cuando hemos vivido un paso del Señor -un paso verdadero- lo único que queda es darle gracias.

Esta acción de gracias, Ignacio la propone a través de la Contemplación para alcanzar amor (EE230-237). Es un verdadero ejercicio de agradecimiento final al Señor que supone una contemplación global. Aquí, después de haber contemplado los misterios de Cristo, se caen las barreras y uno contempla el universo, la historia, su vida. Todo se hace objeto de contemplación, porque el Señor está ahí en todo, porque el Espíritu lo hace vivo y presente en todo. Y esa mirada transida de fe es la que contemplamos para alcanzar amor. El objetivo es darnos cuenta todo lo que Dios nos ha amado para devolverle así mismo con todo amor nuestras cosas.

Para vivir esta acción de gracias, Ignacio propone dos notas: 

  1. a) El amor en obras, el amor concreto: el amor se debe poner más en las obras que en las palabras.

 

  1. b) El intercambio de dones: para que nos hagamos presentes de todo lo que nos ama Dios por la catarata de regalos que nos ha hecho, por el río de dones con el cual el Señor nos envuelve para devolverle también al Señor con amor: el amor consiste en comunicación de las dos partes, es a saber, en dar y comunicar el amante al amado lo que tiene o de lo que tiene o puede, y así, por el contrario, el amado al amante; de manera que si el uno tiene ciencia, dar al que no la tiene, si honores, si riquezas y así el otro al otro.

Luego, Ignacio propone la petición de esta contemplación:

será aquí pedir conocimiento interno- conocimiento interior, una experiencia interior, que viene de dentro-  de tanto bien recibido – una sensibilidad atravesada por la fe, que pueda percibir los dones recibidos de Dios; que caigan las escamas de una sensibilidad que no entiende en la fe todo lo que Dios le ha dado, para que yo enteramente reconociendo, pueda en todo amar y servir a su divina Majestad. Que en esto consiste la santidad cristiana: un servicio por amor y un amor servicial por amor a imitación de Jesucristo devolviéndole al Señor todo lo que nos ha dado.

Siguen después 4 puntos para la contemplación que serán presentados mañana, último día de nuestros Ejercicios Espirituales.

 

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