Sexto Día – San Juan Eudes: Evangelizador

SAN JUAN EUDES, EVANGELIZADOR 

INTRODUCCIÓN

Juan Eudes había hecho suya la palabra de san Pablo: “Ay de mí si no evangelizo” (1Co 9,16). Conocida es su dedicación al anuncio de Jesucristo en las misiones populares a las que consagró durante más de 50 años sus mejores esfuerzos. Cuando hoy la Iglesia en el Vaticano II, en Puebla y en muchos otros documentos nos pide un renovado esfuerzo evangelizador, la persona de san Juan Eudes es modelo y estímulo permanente.

SALUDO PRESIDENCIAL

Hermanos, crezcan en la gracia y en el conocimiento de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

R/ A Él la gloria y el honor ahora y por todos los siglos. Amén.

ORACIÓN

Oh Dios, que elegiste a san Juan Eudes para anunciar las inescrutables riquezas del amor de Cristo; concédenos que, movidos por su palabra y por su ejemplo, crezcamos en la fe y llevemos una vida conforme al Evangelio. Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Amén.

LECTURA BÍBLICA

No me envío Cristo a bautizar, sino a predicar el Evangelio. Y no con palabras sabias, para no desvirtuar la cruz de Cristo. Pues la predicación de la cruz es una necedad para los que se pierden; más para los que se salvan –para nosotros- es fuerza de Dios. Porque dice la Escritura: Destruiré la sabiduría de los sabios, e inutilizaré la inteligencia de los inteligentes. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el docto? ¿Dónde el sofista de este mundo? ¿Acaso no entonteció Dios la sabiduría de este mundo? De hecho, como el mundo mediante su propia sabiduría no conoció a Dios en su divina sabiduría, quiso Dios salvar a los creyentes mediante la necedad de la predicación. Así, mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos, necedad para los gentiles.

(1Co 9, 16-23)

LECTURA EUDISTA

EL SACERDOTE, PREDICADOR DE LA PALABRA DE DIOS 

“Predicar es hacer hablar a Dios”.

Predicar es hacer hablar a Dios, el cual, después de dirigirse a los hombres por los profetas en el Antiguo Testamento, y por su Hijo en la nueva ley, quiere hablarnos también ahora por los miembros de su Hijo, para darnos a conocer su voluntad e incitarnos a cumplirla.

Predicar es distribuir a los hijos de Dios el pan de la vida eterna, para mantener, fortalecer y perfeccionar en ellos la vida divina que recibieron del Padre celestial por el nuevo nacimiento del bautismo. “Tú tienes palabras de vida eterna.” (Jn. 6, 69).

El origen de la predicación apostólica se halla en el seno de Dios, de donde salió el Verbo, la Palabra eterna y el primero de todos los predicadores, Jesucristo, nuestro Señor. De esa fuente trajo todas las verdades que vino a predicar a la tierra.

El fin y objeto de esta función celestial es dar nacimiento y formar a Jesucristo en los corazones de los hombres, es hacerlo vivir v reinar en ellos; es disipar de los espíritus las tinieblas infernales e irradiar en ellos las luces celestiales; es combatir y aplastar el pecado en las almas y abrir en ellas la puerta a la gracia divina; es echar por tierra la tiranía de Satanás en el mundo y establecer el reino de Dios; es reconciliar a los hombres con Dios y hacerlos sus hijos.

Y porque este oficio es tan importante y santo, los sacerdotes deben desempeñarlo con santas disposiciones.

Los predicadores, asociados en esta función a los Apóstoles y a los más grandes santos, deben seguir sus pasos e imitar su vida.

Como heraldos de Dios, embajadores de Jesucristo, dispensadores de sus misterios, oráculos del Espíritu Santo, deben revestir las virtudes del Hijo de Dios y dejarse poseer y animar por el amor, el celo y la fuerza de su divino Espíritu. Los sacerdotes deben meditar y practicar cuidadosamente la palabra de san Pablo:

Como enviados de Dios y delante de él les hablamos en Cristo (Cf. 2Co 2, 17.) “Como enviados de Dios”, los sacerdotes deben predicar no los pensamientos e invenciones de su espíritu, sino sacar de Dios, por la lectura de las sagradas Escrituras y por la oración, lo que deben anunciar a los hombres.

“Delante de Dios”, porque no deben buscar ni pretender otra cosa que la gloria de Dios y la salvación de las almas.

“Hablamos en Cristo”, es decir, que los sacerdotes deben renunciarse a sí mismos para entregarse a Jesucristo, para hablar en él, predicar en su espíritu y proclamar la verdad con las disposiciones e intenciones con que él predicó en la tierra a través de sus labios.

(San Juan Eudes, El predicador apostólico, 2: O.C. IV, 12-16.)

ORACIÓN EUDISTA

Te adoramos, Señor Nuestro Jesucristo, mensajero del Evangelio de Salvación.
Te damos gracias porque eres la luz del mundo y por habernos escogido para ayudar a
nuestros hermanos a conocerte.
Te pedimos perdón por nuestra falta de fe y de generosidad en el anuncio del Evangelio.
Nos entregamos a Ti para que llenes con tu gracia nuestro espíritu y nos des valentía y
amor para proclamar tu nombre.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R/ Amén

LETANÍA DE SAN JUAN EUDES 

San Juan Eudes, ruega por nosotros. Lleno del Espíritu Santo, ruega por nosotros. Mensajero de amor de Cristo, ruega por nosotros. Movido de especial amor a los pecadores, ruega por nosotros. Misionero infatigable, ruega por nosotros. San Juan Eudes, vehemente defensor de la fe, ruega por nosotros. Evangelista y Apóstol, ruega por nosotros. Antorcha ardiente y brillante, ruega por nosotros. Ardiente por tu amor a Dios, ruega por nosotros. Brillante por tu amor al prójimo, ruega por nosotros. Ardiente por tu continua oración, ruega por nosotros. Brillante por la predicación de la divina palabra, ruega por nosotros. San Juan Eudes trabajador incansable del Reino de Dios, ruega por nosotros. Imagen viva de Jesucristo, ruega por nosotros.

OREMOS 

Dios y Padre nuestro, que elegiste a san Juan Eudes para distribuir el pan de la Palabra eterna y formar a Jesucristo en el corazón de los hombres, concede a tu Iglesia dignos heraldos del Evangelio, que siguiendo el ejemplo de san Juan Eudes e imitando sus virtudes, anuncien hoy tu mensaje de salvación como embajadores de Jesucristo y para la gloria de tu Nombre. Por Jesucristo Nuestro Señor. R/ Amén

Un comentario sobre «Sexto Día – San Juan Eudes: Evangelizador»

  1. Bendito seas Dios, por enviarnos a un hombre Santo, como San Juan Eudes, que se sumergió en ti y predicó tu palabra y tuvo ese amor a los corazones de Jesús y de María, gracias Padre en el nombre de Jesús

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